
¿Qué festejan? El Gobierno celebra la desaceleración pero ya incumplió la meta anual de inflación del 10,5%
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) retrocedió a 2,6% en abril después del 3,4% de marzo, una mejora que el Gobierno utilizó rápidamente para mostrar señales de éxito en su política monetaria y fiscal. El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró el dato como “la inflación más baja en años” y volvió a defender el esquema de ajuste y ancla cambiaria. Sin embargo, detrás del festejo oficial aparece una realidad mucho menos cómoda: en apenas cuatro meses, la economía argentina acumuló una inflación de 12,3%, un número que ya supera ampliamente la meta anual del Presupuesto 2026, que proyectaba apenas 10,1% para todo el año.
La distancia entre el relato oficial y la dinámica real de los precios empieza a convertirse en uno de los principales problemas del programa económico. Mientras la administración de Javier Milei prometía un sendero de desaceleración sostenida, el mercado ya da prácticamente por descartada esa meta. El consenso privado —que reúne proyecciones de consultoras, bancos e instituciones internacionales— calcula una inflación cercana al 24% para 2026, es decir, casi 14 puntos por encima del objetivo oficial. Incluso las estimaciones más optimistas continúan muy lejos de las previsiones del Gobierno: el Banco Central, mediante el REM, proyecta 20,3%, mientras que firmas privadas como E2 Economía y Allianz estiman entre 17% y 18%.
El problema para el oficialismo es que la desconfianza no surge solamente del mercado financiero. También empieza a sentirse con fuerza en el humor social. Las últimas encuestas nacionales muestran un crecimiento sostenido del malestar económico: cada vez más hogares reconocen dificultades para llegar a fin de mes, aumenta el uso de tarjetas para cubrir gastos básicos y cae la expectativa positiva sobre el rumbo económico. El deterioro del consumo, el freno en la actividad y la pérdida de poder adquisitivo empiezan a erosionar uno de los principales activos políticos del Gobierno: la expectativa de mejora futura.
Los antecedentes recientes tampoco ayudan a sostener el optimismo oficial. El año 2025 cerró con una inflación acumulada de 31,5%, después de ocho meses consecutivos de subas. Lejos de consolidarse una baja sostenida, diciembre mostró un rebote de precios de 2,8%, por encima del 2,5% de noviembre, encendiendo nuevas alarmas sobre la capacidad real del Gobierno para contener la inercia inflacionaria. Ese antecedente sigue pesando en las expectativas y explica por qué el mercado no compra completamente el discurso libertario sobre la estabilización.
Además, el dato de abril muestra que los aumentos siguen golpeando fuerte sobre sectores sensibles del consumo cotidiano. El rubro Transporte volvió a liderar las subas con 4,4%, impulsado por el impacto acumulado de combustibles y tarifas en medio de la tensión internacional por la guerra en Medio Oriente. Detrás quedaron Educación (4,2%), Comunicaciones (4,1%), Vivienda, agua y electricidad (3,5%) y Prendas de vestir y calzado (3,2%). El único alivio parcial apareció en Alimentos y bebidas no alcohólicas, que desaceleró a 1,5%, aunque eso no alcanza para compensar la pérdida de poder adquisitivo que acumulan los hogares desde hace meses. En el Gran Buenos Aires, incluso, la inflación llegó al 2,8%, por encima de la media nacional.

El trasfondo del debate ya no pasa solamente por cuánto baja la inflación mes a mes, sino por la creciente inconsistencia entre las metas oficiales y los resultados concretos. Si el índice anual termina acercándose al 24% que pronostica el sector privado, el Gobierno quedará obligado a admitir un incumplimiento contundente de las proyecciones con las que defendió el Presupuesto y justificó el ajuste. La celebración de Caputo por el dato mensual aparece así más como una necesidad política que como una confirmación económica sólida.
En la City el escepticismo sigue intacto. Las consultoras que participan del consenso de FocusEconomics manejan escenarios que van desde 16,4% —la estimación más optimista del FMI— hasta niveles cercanos al 30% en las proyecciones más pesimistas. La dispersión refleja que el mercado todavía no encuentra certezas sobre el rumbo económico argentino. Y mientras el Gobierno intenta instalar la idea de una inflación bajo control, los datos sociales, el deterioro del consumo y el cansancio económico muestran que, por ahora, parece haber bastante menos para festejar de lo que intenta transmitir la Casa Rosada.

