
Estallido social en Francia: “Quienes saquearon deberán pagar y quienes buscaron derribar la República rendirán cuentas” afirmó Macron
El primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu, ordenó imponer toques de queda parciales para frenar la ola de violencia sin precedentes que azota al país. La drástica medida gubernamental se oficializó tras un fin de semana salvaje que dejó casi 2.400 detenidos y cerca de 1.000 agentes heridos en enfrentamientos callejeros.
El jefe de gobierno activó las restricciones nocturnas tras una reunión de emergencia celebrada en la sede del Ministerio del Interior.
Fallas de inteligencia y respaldo a Laurent Nuñez
En un mensaje televisado a toda la nación, el presidente Emmanuel Macron admitió graves fallas en los operativos de prevención desplegados durante las marchas. “Quienes saquearon deberán pagar por los daños, y quienes buscaron derribar la República rendirán cuentas”, sentenció el mandatario, descartando por ahora el estado de emergencia.
En medio de la marejada política, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, presentó su renuncia tras admitir que las fuerzas de seguridad perdieron el control de las calles. Sin embargo, Emmanuel Macron rechazó la dimisión de su ministro para garantizar el mando policial y le exigió máxima transparencia sobre los errores de planificación.
Desde la oposición, la dirigencia disparó con munición gruesa contra la Casa Rosada europea y sus principales espadas de Gabinete. La referente de la derecha nacionalista, Marine Le Pen, atribuyó la crisis a una administración desorientada, mientras que el líder de la izquierda radical de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, denunció una abierta incompetencia oficial.
Destrozos históricos y saqueos en diez ciudades
Las manifestaciones contra el costo de vida convocaron a más de 550.000 personas en todo el territorio nacional, cifra que la central sindical CGT elevó a 800.000 marchantes. Grupos de encapuchados se filtraron en las marchas pacíficas e iniciaron saqueos masivos en París, Marsella, Niza, Burdeos, Lille, Estrasburgo, Grenoble, Toulouse y Nantes.
Más de 1.500 comercios resultaron saqueados y destruidos, abarcando desde locales de indumentaria y supermercados hasta farmacias y tiendas de tecnología. En París, la policía lanzó gases lacrimógenos y utilizó camiones hidrantes, mientras que el alcalde capitalino Emmanuel Grégoire graficó que hay calles totalmente devastadas.
En la ciudad de Limoges, un incendio intencional destruyó el histórico edificio de la alcaldía, provocando el colapso del techo en una tragedia comparada con el siniestro de Notre-Dame. En Saint-Étienne, un joven de 17 años sufrió la amputación de su mano derecha al estallar una granada antidisturbios durante un choque con las brigadas policiales.
Medidas locales y la convocatoria a nuevas marchas
Antes de la orden de Sébastien Lecornu, varios municipios decretaron toques de queda por cuenta propia para proteger a la población. En la comuna de Denain, la intendencia estableció restricciones nocturnas de 21 a 6 horas, mientras que en Guadalupe se aplicó la prohibición para menores tras ataques a tiros contra la policía.
Por su parte, la prefectura de Bouches-du-Rhône prohibió cualquier tipo de concentración o manifestación pública en la zona céntrica de Marsella. El Gabinete francés confía en que las vacaciones escolares de medio término aporten un respiro temporal en las calles del país. No obstante, sindicatos y los agrupados en el movimiento de los chalecos amarillos ya lanzaron una convocatoria para volver a marchar masivamente el próximo 5 de noviembre.

