
La prueba de fuego de Bullrich: mesa política propia para no ceder terreno en el tablero oficialista
Patricia Bullrich convocó a su mesa política y a su equipo más cercano para realizar una explícita demostración de fuerza, en medio de un clima de máxima ebullición interna y cortocircuitos con los principales alfiles del oficialismo.
La tensión se había disparado fuertemente semanas antes a raíz de modificaciones inconsultas (como cambios en pensiones por discapacidad o desacuerdos en la estrategia legislativa), lo que derivó en la célebre queja pública de la funcionaria: “No quiero que me traten como tonta”.
Con un bloque oficialista minoritario en el Senado, el Gobierno depende estrictamente de los porotos que teje y coordinada Bullrich. Ella utiliza esa fortaleza numérica como garantía de supervivencia política y margen de autonomía.
Mientras desde la Casa Rosada intentan bajarle el tono a los roces asegurando que “no hay dos candidatos“, las encuestas y los movimientos de Bullrich —sumado a guiños políticos y declaraciones públicas a futuro— alimentan las especulaciones sobre su competitividad electoral de cara a los próximos comicios. Hacer una “demostración de fuerza” con su tropa propia es su forma de blindarse ante cualquier intento de disciplinamiento centralizado.

