
Polémica en Uruguay por la posible compra de patrulleros británicos en medio del reclamo por Malvinas
La posible adquisición de “patrulleros oceánicos” británicos por parte del gobierno uruguayo de Yamandú Orsi desató una intensa controversia política y amenaza con impactar de lleno en la relación bilateral con la República Argentina. La administración del país vecino analiza una oferta formal del Reino Unido para incorporar hasta dos buques de la clase River, unidades que actualmente son utilizadas por la Marina Real británica y que generaron alarmas en los sectores opositores ante un eventual conflicto diplomático con la Casa Rosada.

El debate geopolítico y la advertencia por la relación bilateral
El foco de la disputa interna se centró en la lectura política de concretar una operación militar con el gobierno británico en un momento de renovada tensión por la soberanía de las Islas Malvinas. El senador opositor y exministro de Defensa, Javier García, fue el encargado de encender las alertas al señalar que la maniobra requiere una revisión urgente por parte de la Cancillería uruguaya. Durante su intervención parlamentaria, el legislador argumentó que una cooperación de esta magnitud requiere un estudio detallado y un análisis muy minucioso para evitar herir susceptibilidades en la región.
Para fundamentar su postura, el exfuncionario hizo especial hincapié en el impacto regional y afirmó ante sus pares que lo que no le parece anecdótico es la señal que puede dar el Uruguay si el gobierno compra dos buques de guerra ingleses con respecto a la situación de la relación con Argentina. Estas declaraciones exponen el temor de un sector de la política uruguaya frente a la posibilidad de que la gestión de Javier Milei interprete la compra como un gesto inamistoso en plena escalada de reclamos contra Londres.
Detalles técnicos y el contrato fallido con astilleros españoles
La propuesta elevada por el Reino Unido comprende tres patrulleros oceánicos de primera generación identificados como HMS Tyne, HMS Mersey y HMS Severn. Estas unidades navales entraron en servicio a comienzos de la década del dos mil y el gobierno de Londres tiene previsto retirarlas de circulación en el año dos mil veintiocho. El Ministerio de Defensa uruguayo aspira a concretar la compra de hasta dos de estas embarcaciones para destinarlas a tareas de vigilancia de aguas jurisdiccionales, control de pesca ilegal, interdicción y operativos de búsqueda y rescate marítimo.

Esta alternativa británica surgió como un plan de contingencia luego de que Montevideo decidiera rescindir en febrero un millonario contrato firmado con el astillero español Cardama. Aquella operación original, pactada durante el mandato de Luis Lacalle Pou por más de ochenta y dos millones de euros, preveía la construcción de dos buques completamente nuevos. El Ejecutivo justificó la ruptura del acuerdo denunciando graves incumplimientos empresariales. Sin embargo, la Armada uruguaya planteó reparos técnicos sobre los navíos ingleses ofrecidos como reemplazo, objetando su antigüedad superior a dos décadas y la falta de un hangar acondicionado para operar helicópteros de rescate.
El reclamo argentino y los recientes cortocircuitos diplomáticos
La advertencia de la oposición uruguaya cobra mayor relevancia al enmarcarse en el reciente discurso pronunciado por Javier Milei ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. En ese foro internacional, el mandatario argentino endureció su postura, definió la cuestión Malvinas como una causa nacional y cuestionó con dureza el avance de proyectos petroleros desarrollados bajo licencias británicas que considera ilegales. En un tono enérgico, el Presidente sentenció que la Argentina no se va a sentar a esperar y anticipó que su gobierno va a tomar cartas en el asunto para defender la soberanía continental.
La sensibilidad en torno a este conflicto territorial ya tuvo un episodio reciente en suelo uruguayo que encendió alarmas diplomáticas. Días atrás se generó un fuerte revuelo por la presencia de un stand británico en la tradicional Expo Prado que utilizó la denominación kelper en lugar de referirse a las Islas Malvinas. Frente a este incidente, el propio Yamandú Orsi debió salir a desmentir rumores sobre un supuesto cable submarino entre su país y el archipiélago, reafirmando de manera categórica el respaldo histórico de su gestión al reclamo de soberanía impulsado históricamente por la República Argentina.
