
Rolando Graña: “El proyecto del Gobierno es el Plan Aguantar y Asustar”
Hace un tiempo dijimos que el plan de gobierno se sintetiza en dos gestos: el “Plan Aguantar y Asustar”. De a ratos es aguantar, con Milei diciendo que no vamos a cambiar nada y que no hay nada para corregir, mientras los bancos internacionales advierten que la Argentina entra en recesión.
El discurso es: hay que aguantar hasta que vengan buenos tiempos o hasta que me reelijan para que los beneficios lleguen a la gente. Y si el aguantar no alcanza, pasan al “Plan Asustar”: infundir temor diciendo que Kicillof es el Anticristo, que el kirchnerismo es el infierno o que hay hordas de terroristas queriendo infiltrarse.
El choque entre el relato y la recesión
Milei dice que no hay nada que tocar, pero informes como el del JP Morgan vaticinan una caída del 4% en la actividad económica. Esa recesión combinada con inflación es estanflación puras y duras.
Lo que se prometió que iba a suceder de inmediato —que la economía saldría disparada hacia arriba— no ocurrió. La inflación baja, pero baja a costa de una bruta recesión en el consumo y en la industria nacional.
Entonces aparece el problema. Cada vez que la economía se descarrila, saltan frases altisonantes del paradigma libertario. Pero si la respuesta del Gobierno ante la crisis es asustar con que vienen 30.000 terroristas a sabotear el modelo, tendrían que estar convocando al Consejo de Seguridad Nacional en lugar de hacer declaraciones.
Termina siendo una inmensa sarasa para distraer.
La asfixia sobre los sectores más golpeados
Para los sectores más acomodados hay blanqueos, condonaciones y quita de bienes personales, pero cuando la clase media o baja se endeuda para poder comprar comida, el discurso oficial califica cualquier ayuda como un acto “inmoral”.
Frente al acoso de financieras e informales, la recomendación para la gente golpeada es defenderse individualmente: no firmar refinanciaciones a ciegas, buscar asesoramiento legal y resistir la asfixia del bolsillo.
Y acá aparece una contradicción que no podemos dejar de discutir: mientras se plantea que hay que aguantar hasta que lleguen los buenos tiempos, la recesión golpea el consumo y la industria, y una parte de la sociedad se endeuda para poder comprar comida.
Por eso, el “Plan Aguantar y Asustar” termina condensando dos respuestas frente a una situación económica que no se desarrolla como se había prometido: aguantar mientras se espera una mejora que no llegó y, cuando eso no alcanza, recurrir al miedo para desviar la discusión.
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