
“Es un sueño con fiebre”, Santiago Tucumán, conducirá la vigilia por la llegada del Papa en Luján
Un mail que leyó dos veces por las dudas fue el comienzo de algo que, según confesó, no se había animado a soñar: guiar la vigilia previa a la llegada del Papa León XIV a Luján, el próximo martes. Santiago Tucumán lo contó entre risas y con la emoción a flor de piel, con Diego Schurman en El Zoológico.
Consultado por Schurman sobre cómo lo tomó, Santiago Tucumán respondió que no lo esperaba y que lo siente “como un regalo de Navidad anticipado”. La invitación a formar parte de la vigilia le llegó por correo de la Comisión de la Visita Papal, un organismo creado para la ocasión que responde al Episcopado.
Schurman le preguntó si sospechó de una estafa. Tucumán admitió que “tiene lo suyo”: leyó el mensaje dos veces, no hizo clic en ningún lado y solo envió su teléfono. Dos días después lo llamaron y, según contó, “la charla se había puesto seria”: lo querían como conductor de la vigilia.
Al ser consultado por los motivos de la elección, explicó que surgió de consultas internas entre seminaristas, muchos de los cuales lo destacaron. Quienes armaban la selección ya lo conocían por su trabajo en redes sociales. Ante la duda sobre su vínculo con la religión, habló de sus peregrinaciones a la Virgen del Rosario de San Nicolás y de sus microdocumentales de fe.
Sobre lo que se verá en Luján, anticipó una grilla “netamente folclórica”: el Ballet Sumampa, Los Campedrinos, Carafea, que viaja desde Catamarca, y Los Hermanos Menta, además de momentos de oración. Serán entre ocho y nueve horas y la organización estima siete millones de personas, más del doble de las 2.700.000 de la última peregrinación.
Aunque se definió como “muy tranquilo, muy pacífico”, reconoció que no sabe cómo reaccionará frente a “un mar de gente”. Respecto de cruzarse con el Papa, dijo que no tiene información, pero que “la esperanza es lo último que se pierde”. Tampoco prevé tocar la guitarra: su rol, afirmó, es ser “el nexo”.
Hacia el final, describió su traje celeste y blanco, los colores de la bandera y del manto de la Virgen de Luján, y su poncho brochereano. Contó que nació en Buenos Aires, que se crió en el conurbano y que su nombre artístico homenajea a sus abuelos, idea de Los Carabajal. Su nombre verdadero, bromeó, sigue siendo un misterio.
