
Sturzenegger admitió que la inversión demora, pero descartó cambiar el rumbo económico
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, defendió este jueves las reformas estructurales del gobierno de Javier Milei ante empresarios y economistas, en el 16° Foro ABECEB, realizado en el Faena Art Center de Buenos Aires. Sin embargo, admitió que la inversión no respondió con la velocidad que se esperaba.
Para explicar la demora, el ministro trazó un paralelo con los procesos de crecimiento de China, Corea del Sur, Singapur y Taiwán. “Son experiencias que ya sabemos que fueron sumamente exitosas”, dijo. En el mismo foro expuso el viceministro de Economía José Luis Daza, quien fue aún más directo: “Yo esperaba un crecimiento más alto”.
Sturzenegger presentó el trabajo de los economistas Francisco Buera y Yongseok Shin, que analizaron cómo crecieron las economías asiáticas más exitosas tras sus reformas estructurales. La conclusión es contraintuitiva: en esos países la inversión tampoco despegó de inmediato. El crecimiento arrancó lento y se fue acelerando, en lugar de dar un salto inicial, como predice el modelo de Solow.
La explicación, dijo, está en las fricciones financieras. Cuando una reforma elimina subsidios y trabas, los recursos deben migrar de los sectores menos productivos a los más productivos. Pero ese proceso requiere financiamiento, y el financiamiento requiere garantías. Los sectores nuevos no tienen el colateral necesario para acceder al crédito, así que los empresarios deben primero ahorrar y recién después pueden endeudarse.

“Las subsidiadas previamente se achican, las productivas tardan, la productividad de la inversión sube lento”, sintetizó el ministro. Agregó que, por eso, en las experiencias asiáticas el ahorro subió más que la inversión en la etapa inicial. Eso generó superávit de cuenta corriente en lugar del déficit que predice la teoría convencional.
Sturzenegger aplicó ese esquema a la Argentina: la energía, la minería, el agro y la economía del conocimiento son los sectores llamados a liderar la transformación exportadora. Los actores que deben invertir en ellos están construyendo recién el patrimonio que les permita financiarse. El diagnóstico, aclaró, no lo desanima sino que le da perspectiva, y descartó un cambio de rumbo.
El ministro enumeró los resultados que el Gobierno considera más relevantes: la inflación bajó de alrededor del 200% anual al 30%, la pobreza cayó 20 puntos porcentuales, de 53% a 33%, y el PBI creció 6% en lo que va de la gestión. El dato que más destacó fue el del volumen exportado, que subió 46%. “Es la primera vez en cuarenta años que vemos a la Argentina liderar un proceso de crecimiento liderado por las exportaciones”, afirmó.
Detrás de ese número hay dos desregulaciones que consideró centrales. La primera fue la liberalización del mercado de hidrocarburos, incluida en la Ley Bases: se eliminaron las restricciones al manejo del negocio energético, se liberaron las exportaciones y se le devolvió al productor la propiedad sobre su producto. El resultado, dijo, es un boom de inversiones que llevará las exportaciones energéticas a USD 50.000 millones en pocos años, frente a un déficit de USD 10.000 millones en 2023.

La segunda fue la apertura del sector minero. “Básicamente, teníamos prohibida la minería en Argentina”, graficó, y recordó que Chile exporta USD 60.000 millones de los mismos productos que el país tiene en su subsuelo. La proyección del Gobierno es llegar a USD 45.000 millones en exportaciones mineras en diez años, partiendo de USD 3.000 millones cuando asumió Milei.
Horas antes, Daza había dado su propia lectura del momento económico, con menos marcos teóricos y más crudeza. Reconoció que el nivel de actividad es “muy bajo” y que los resultados son “menores” a lo esperado, aunque sostuvo que el proceso “va en la dirección correcta”. Describió un año partido en dos: entre febrero y junio hubo un círculo virtuoso, con baja de tasas, recuperación del crédito y mejora de expectativas.
Ese círculo fue cortado por un shock externo. “A partir de julio tuvimos un shock de tasas. Indudablemente, eso tuvo un efecto”, admitió el viceministro. Hacia fin de año ve señales de recuperación leve y considera “extraordinario” el comportamiento del sector externo. Consultado por una posible recesión técnica, ya que la economía acumula cinco meses de estancamiento en la tendencia-ciclo del EMAE, le quitó peso a la terminología: “Miremos el big picture”.
Para explicar por qué la tasa de inversión sigue rondando el 15% del producto, Daza recurrió a la teoría de opciones reales: el principal freno es la incertidumbre sobre la estabilidad de las reglas de juego. “No hay en el mundo un país que pasó más tiempo en recesión en los últimos setenta y cinco años que la Argentina, el número uno de 180 países”, señaló. Esa historia de volatilidad lleva a los inversores a exigir una prima de riesgo elevada antes de comprometer capital de largo plazo.
