
Rolando Graña: ¿Cómo fue la fuga de Flávio Bolsonaro por Argentina para escapar de la Justicia brasileña?
Hay algo que no cierra en toda esta historia, y es cómo se armó esta salida quirúrgica, milimétrica, que deja al descubierto una vez más cómo se usa el territorio y las fronteras de la región cuando la Justicia apreta. Porque acá aparece el problema central: la fuga de Flávio Bolsonaro utilizando a la Argentina como trampolín para eludir el cerrojo judicial en Brasil.

Los datos son contundentes y muestran una secuencia que no admite demasiadas dudas sobre la maniobra. Flávio Bolsonaro ingresó a la Argentina el lunes a la noche a través del paso fronterizo del Puente Internacional Tancredo Neves, en la provincia de Misiones. Entró de manera formal, con documentación en regla, sin que las autoridades migratorias locales registraran en ese instante impedimentos activos que frenaran su paso hacia este lado de la frontera.
Pero lo grave, lo verdaderamente escandaloso de todo este movimiento, es el contexto político y judicial que lo empuja a salir disparado. Justo después de perder las elecciones presidenciales frente a Luiz Inácio Lula da Silva, y en medio de una orden que le exigía la entrega de su pasaporte y le prohibía abandonar Brasil por disposición del juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes. El magistrado lo tiene en la mira por causas sumamente pesadas: una investigación por presunto blanqueo de capitales vinculada a sus nexos con el abogado Willer Tomaz y movimientos financieros turbios en el sector de las apuestas, además de sospechas por la financiación de una película biográfica sobre su padre.
Entonces, ¿cómo sigue la maniobra? El senador se mueve hacia el aeropuerto internacional de Puerto Iguazú. Ahí lo esperaba una aeronave privada, un Gulfstream G400 con matrícula argentina perteneciente a la empresa Baires Fly S.A., que había llegado previamente desde el Aeroparque Jorge Newbery. En ese avión privado, con un grupo reducido de personas entre las que se encontraba su familia, Flávio Bolsonaro despega en la madrugada del miércoles con rumbo a los Estados Unidos. Pero el plan de vuelo no es directo ni lineal; la aeronave hace una escala clave en Guayaquil, Ecuador, para cargar combustible, eligiendo una ruta perfectamente trazada para evitar sobrevolar el territorio brasileño y esquivar cualquier intento de intercepción por parte de la Policía Federal de su país.
La pregunta que nos hacemos es cómo puede ser tan fácil burlar las restricciones de un tribunal supremo utilizando a los países vecinos como una autopista de escape. Porque mientras el senador niega las acusaciones en las redes sociales y cuestiona el operativo en el que le exigieron los documentos en plena calle en Brasilia, la realidad es que el avión ya cruzó medio continente y el tipo ya está fuera del alcance de los tribunales brasileños.
Y esto es lo que hay que discutir con claridad, sin vueltas ni eufemismos. No nos confundamos: acá no estamos ante un simple viaje de placer o una mudanza familiar rutinaria. Estamos frente a una huida planificada al milímetro para eludir a la Justicia, utilizando las fronteras porosas de la región y una logística empresaria y aeronáutica que debiera ser investigada a fondo. La sombra de la impunidad vuelve a sobrevolar la política latinoamericana, y la Argentina, una vez más, queda metida en el medio de una maniobra de fuga que deja en evidencia la debilidad de los controles y la impunidad con la que se manejan los poderosos cuando la ley les pisa los talones.
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