
Rolando Graña: ¿Por qué la gente vota a la ultraderecha aunque la economía crezca?
Hay algo que me parece que tenemos que empezar a discutir seriamente después de lo que pasó en Brasil: ¿por qué la gente vota a la ultraderecha incluso cuando la economía crece? Porque lo que ocurrió con Flávio Bolsonaro no se explica solamente por el apellido de su padre. Hay algo más profundo que está cambiando en Brasil y en América Latina.
Lula es uno de los grandes líderes de América Latina. Un obrero metalúrgico que llegó a la presidencia y logró sacar a millones de personas de la pobreza. Sin embargo, después de todo ese recorrido, el bolsonarismo no desapareció: Bolsonaro intentó dar un golpe de Estado, fue condenado a 27 años de prisión y, aun así, su hijo Flávio terminó sacando cinco millones de votos más que su padre.
Y acá aparece la paradoja. Milei envidiaría tener los números de la economía que tiene Lula. Brasil tiene reservas por encima de los 300.000 millones de dólares, un real estable, industrias que se expanden, una inversión extranjera directa que crece y una economía que durante los cuatro años de Lula se expandió en promedio un 2% anual.
En Argentina, en cambio, el desempleo está subiendo y la inversión extranjera directa cae. El izquierdista Lula tiene mejores números de la economía, objetivamente, que el market-friendly Milei. Sin embargo, así y todo, el electorado brasileño votó masivamente en contra de Lula.
Entonces uno puede decir: ¿se están volviendo locos los pueblos? No. Será que la democracia, en su versión progresista, no está dando respuestas satisfactorias a los problemas cotidianos de electorados cada vez más impacientes. Porque ahí está lo profundo de lo que pasó en Brasil.
Las consignas que convocan a estos electorados terminan siendo casi de sentido común: inseguridad, trabajo y rechazo a una clase política que muchos sienten que no resuelve sus problemas. La democracia ya no funciona como consigna. Mucha gente siente que las democracias no resuelven sus necesidades inmediatas y busca una opción antisistema.
Y acá aparece el espejo argentino. Después de dos años y pico de Milei, empezamos a ver los límites del modelo libertario. Hay sectores que ganan, como el gas, el petróleo, la minería, el campo y la pesca, pero otros van para atrás: la industria, el comercio y la construcción.
El problema es que Milei ya no puede demostrar crecimiento ni inversión como esperaba. La pobreza subió a 34,4%, el ingreso real está en niveles similares a los de la pandemia y la inversión extranjera directa cae. Sin embargo, vuelve a prometer que, si gana la elección, ahora sí la Argentina va a crecer al 7%.
Y esta es la paradoja: Brasil está votando a una ultraderecha que promete sacar al país de un estancamiento que, si uno mira los números económicos, no es tal. Lula tiene números que le darían envidia a Milei y, sin embargo, la gente termina votando en contra de Lula.
¿Con qué tiene que ver? Con algunas de estas cosas que venimos comentando y tal vez con otras que todavía no entendemos o no vemos. Pero esta es la realidad de la comparación. Las contradicciones están sobre la mesa.
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