
Rolando Graña: “Por suerte para el Gobierno, me parece que el papa no va a venir”
La salud del papa vuelve a poner sobre la mesa una cuestión médica y política. Si yo fuera el médico del papa, le diría que se quede. A cualquier paciente le dirían: “Muchacho, no rompas los huevos, quedate hasta que sepamos qué pasa bien en tu pulmón y cómo se rehabilita”.
Tenía 14 tramos aéreos en apenas una semana por Uruguay, Argentina y Perú. No era precisamente algo aconsejable para alguien recién operado de un tumor de pulmón, y menos todavía subir a Machu Picchu, a 2.500 metros de altura.
Hay otra cuestión que también entra en juego: la reacción política del Gobierno ante la posibilidad de una visita del Papa a la Argentina.
Uno puede imaginar que en privado en el Gobierno están diciendo: “Uf, qué alivio que no viene el Papa”. Porque el Papa les iba a poner los puntos, como se dice en el barrio. Les iba a marcar la cancha con los jubilados, los discapacitados y los marginados.
La situación tiene una lectura que va más allá de la cuestión médica. Una eventual visita del papa podía convertirse en un problema político para el Gobierno, frente a los cuestionamientos vinculados con los sectores más vulnerables.
Por suerte para el Gobierno, me parece que el Papa no va a venir.
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