
Rolando Graña: entre el ajuste económico, las Pymes que cierran y la doble moral del poder
El caso Fernando Cerimedo deja al descubierto la calaña de los personajes que venían a explicarnos sobre la moral para manejar el Estado. El libertario continental, el hombre que asesoró a Jair Bolsonaro, a Javier Milei y que asesoraba a Rodrigo Paz en Bolivia, se victimiza diciendo que en la Justicia le hacen cientos de preguntas enfocadas únicamente en el presidente. Claro que se las hacen: se jactaba de ser su asesor principal.

Aunque ahora desde el poder intenten despegarse presentándolo como una figura secundaria, existen fotos que los muestran juntos y sentados en mesas de altísimo nivel internacional. Pero la situación es aún más grave: Cerimedo no solo enfrenta una detención por el intento de homicidio a Nadia Beller, sino que se le sumaron acusaciones por enriquecimiento ilícito y por brindar protección a avionetas vinculadas al narcotráfico mediante el uso de transpondedores apócrifos. No era un asesor que redactaba discursos; se reunía con mandos de inteligencia y de fuerzas de seguridad.
Detrás del discurso de la “superioridad moral”, la realidad nos muestra a un ideólogo del espacio implicado en causas judiciales de extrema gravedad.
En paralelo a estos escándalos, el verdadero problema del país sigue estando en el bolsillo. La economía empeora día a día. Nos encontramos frente a una recesión profunda con más de 300.000 despidos y un cierre constante de pymes. El relato oficial intenta vender que la macroeconomía está ordenada y que los indicadores son excelentes porque la inflación baja, pero la inflación cede únicamente por el colapso de la actividad y del consumo.
La gente ya no celebra esa baja de precios cuando la plata no alcanza y las deudas para comprar alimentos o pagar servicios básicos se multiplican. No hay compras masivas de electrodomésticos ni lujos, hay un endeudamiento desesperado para llegar a fin de mes.
Ante esta crisis, el gobierno intenta dar respuestas desesperadas y apela a medidas heterodoxas para inyectar liquidez y evitar que la cuerda se termine de romper. Sin embargo, el impacto social es evidente. Se desfinancia de forma dramática el sistema científico y universitario, llevando el presupuesto a niveles mínimos históricos, se golpea a la industria nacional y las consecuencias se sienten en cada calle y en cada comercio que baja sus persianas tras décadas de trabajo.
La sociedad votó por un cambio y le otorgó un consenso al gobierno, pero ese aval no es un cheque en blanco eterno cuando el costo de vida se vuelve insostenible y el tejido social y productivo del país se destruye.
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