
Rolando Graña: ¿Milei le hace a Caputo lo mismo que Menem a Cavallo?
Hay algo que me hace acordar a lo que pasaba en los años 90 entre Carlos Menem y Domingo Cavallo. Esta picardía se la hacía también Menem a Cavallo. Como Cavallo había tomado tanta envergadura en el gobierno porque era el factótum de la convertibilidad, que a su vez era la llave para que Menem ganara y ganara elecciones, Menem tenía una relación difícil con él.
Entonces, cada tanto, Menem se reunía con otros economistas todavía más ortodoxos que Cavallo, como Krieger Vasena o los hermanos Alemann. Se juntaba a cenar con ellos y no invitaba a Cavallo. Parece que Javier Milei aprendió este truquito y quiso llevarlo a la práctica con Alberto Ades. Lo invitó a una reunión de gabinete y, efectivamente, lo llevó. Milei estaba presente.
¿Quién es Ades? Es economista jefe de Goldman Sachs y vino a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA a hacer una presentación. En declaraciones públicas, había planteado que el programa económico necesitaba un poco más de actividad y que había que tocar el tipo de cambio, porque este dólar barato estaba arruinando un montón de industrias. Es algo que Milei no quiere ni escuchar.
Tampoco lo quiere escuchar Luis Caputo. Ese día, Toto Caputo dio un parte de enfermo: dijo que se sentía muy mal, pero a la noche estuvo en una entrevista. Es decir, no quiso ir a escuchar a Ades.
Milei salió a desmentir las diferencias y dijo que era «una pelotudez del tamaño de una casa», porque tiene una «relación simbiótica» con el ministro de Economía. Sin embargo, la discusión interna en el Gobierno existe. El debate existe porque la misma realidad lo impone: la actividad económica está cayendo.
El problema es quién le pone el cascabel al gato. Lo que dejan trascender los muchachos de Toto Caputo es que ellos le dijeron a Milei: «Che, hay que hacer algo». Le reclaman al Gobierno que compre más reservas y vuelque ese dinero al mercado para que haya algo más de circulación monetaria y consumo. Pero Milei no quiere saber nada.
¿Y por qué no quiere? Porque Milei sostiene que, si hace eso, va a subir la inflación y, si sube la inflación, va a perder las elecciones. Ahí aparece la encerrona política y económica del Gobierno. Si sigue por este camino, es factible que pierda las elecciones por la falta de trabajo, la falta de consumo y la recesión. Si toma el otro camino, aumentaría la inflación y vulneraría una de sus principales banderas.
Al final del camino, la disyuntiva es esa. Milei está del lado de los que dicen: «No vamos a hacer nada, nuestro plan es aguantar». Pero mientras el Gobierno insiste en sostener el rumbo, las diferencias sobre qué hacer frente a la caída de la actividad siguen presentes. La pregunta es cuánto tiempo se puede aguantar sin modificar el plan económico.
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