
Estudio de salud: Robert Wilechansky advirtió que “el momento de las conductas, ya sea dormir, comer o hacer ejercicio, importa”
Abrir la alacena después de cenar es una costumbre frecuente, pero la ciencia advierte que el horario de esa ingesta altera de forma directa la salud hepática. Una investigación realizada por la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón y el Hospital General de Massachusetts asoció esta práctica con un 36% más de riesgo de acumulación de grasa en el órgano.

El estudio, publicado en Clinical Gastroenterology and Hepatology, analizó los hábitos alimentarios de 199.155 personas durante un período de 16 años. Los científicos detectaron que quienes consumen alimentos de manera nocturna presentan un incremento sostenido en los diagnósticos de esteatosis y cirrosis.
El vínculo se mantuvo incluso al contemplar variables como la edad, el índice de masa corporal, la diabetes y el consumo de alcohol. No obstante, los autores aclararon que el trabajo observacional demuestra una asociación estadística, pero no confirma una relación directa de causa y efecto.
Ritmos circadianos y el impacto metabólico
Los especialistas estudian si la explicación radica en los ritmos circadianos, el sistema interno que regula el sueño y el metabolismo celular. El hepatólogo y autor principal Robert Wilechansky explicó que el hígado procesa los nutrientes de manera diferenciada según el momento del día.

Por su parte, el fisiólogo Andrew McHill señaló que comer durante la noche reduce la capacidad orgánica para metabolizar los alimentos con eficiencia. Los expertos recuerdan que solo una pequeña fracción de los pacientes con hígado graso evoluciona hacia cuadros severos como la cirrosis.
En el ámbito local, el jefe de Gastroenterología del Hospital de Clínicas, Esteban González Ballerga, advirtió que se trata de una patología silenciosa cuyas consultas se duplicaron en los últimos cinco años en esa institución de la UBA.
Nuevos horizontes en genética y diagnóstico
El horario de las comidas no opera como el único factor determinante en el desarrollo de trastornos hepáticos. La predisposición hereditaria cumple un rol fundamental que la ciencia médica continúa investigando en profundidad.
Un informe reciente del Instituto Karolinska, publicado en Nature Genetics, identificó 60 regiones genéticas vinculadas con la acumulación de grasa hepática. El investigador Stefano Romeo destacó que este hallazgo duplica el mapa genético conocido sobre la enfermedad.
Mientras avanzan los ensayos clínicos para evaluar si adelantar las ingestas mejora los indicadores metabólicos, los expertos recomiendan integrar el horario nutricional con el control del peso corporal y la actividad física regular.

