
Del “Argentina presionó al árbitro” al “No hubo respeto”: Hossam Hassan explotó tras la eliminación de Egipto
Las pulsaciones altas y las controversias en los pasillos del estadio suelen prolongar los noventa minutos de juego mucho más allá del silbatazo de cierre. De este modo, tras la ajustada y sufrida victoria de la Selección Argentina por 3 a 2 en Atlanta, la delegación de Egipto dejó en claro que la eliminación del certamen ecuménico estuvo lejos de ser asimilada en términos estrictamente deportivos. Por lo tanto, el director técnico Hossam Hassan se presentó ante los micrófonos con un discurso sumamente combativo, quebrando cualquier atisbo de diplomacia o protocolo institucional. El entrenador denunció la existencia de un escenario preexistente diseñado para favorecer al campeón del mundo y cargó las tintas contra el desempeño del réferi principal en el Mercedes-Benz Stadium.

La polémica escaló rápidamente en las plataformas digitales debido a la dureza de los términos empleados por el estratega de cincuenta y nueve años. Asimismo, el conductor del plantel africano insistió en que sus dirigidos sufrieron una falta de ecuanimidad y transparencia por parte de la organización del torneo desde el momento en que se fijaron las grillas de competencia. Por otra parte, las quejas del cuerpo técnico egipcio se concentraron en dos fallos sumamente específicos del segundo tiempo que, según su óptica, alteraron el destino del marcador y le impidieron a su nación firmar la página más gloriosa de su trayectoria futbolística internacional contra la Selección Argentina.
El factor del arbitraje francés y la jugada de la Selección Argentina

El núcleo del descargo de Hassan se focalizó en la designación del colegiado galo François Letexier y en la supuesta influencia mediática que el entorno local ejerció en los días previos a la contienda eliminatoria. Ante un auditorio compuesto exclusivamente por cronistas de su propio país, el seleccionador argumentó que el desarrollo del juego estuvo condicionado desde antes de la salida de los equipos a la cancha:
“Hemos merecido la victoria. Argentina presionó al árbitro antes porque era francés, armaron un contexto previo y sufrimos las consecuencias. El resultado estuvo influenciado antes y durante el juego. Se desestimó un penal para nosotros que ni entró en revisión. El segundo gol nos fue anulado por algún motivo extraño. No hubo respeto ni juego limpio; se nos trató de manera injusta”.
Las declaraciones hacían referencia a la jugada previa de la Selección Argentina que derivó en el gol de Enzo Fernández, acción en la cual los africanos reclamaron con vehemencia una supuesta infracción de Julián Álvarez sobre Mohamed Salah dentro del área penal, catalogada como un contacto leve por los asistentes de cabina. Del mismo modo, el fastidio se potenció debido a la anulación de una conquista de Mostafa Ziko, jugada en la que el cuerpo arbitral detectó una falta ofensiva previa en perjuicio del defensor Lisandro Martínez, desactivando el festejo del combinado de la federación egipcia.
Críticas a los horarios de competencia y orgullo por el plantel local

La catarata de cuestionamientos del conductor técnico no se limitó únicamente a los fallos sobre el césped, sino que también incluyó severos reproches hacia el comité organizador de la Copa del Mundo respecto a la planificación logística del cronograma diario. Hassan fustigó la decisión de programar el inicio del encuentro en el primer turno de la jornada (las doce del mediodía en Atlanta), señalando que dicha elección atenta contra el rendimiento de los deportistas de alto rendimiento y altera los regímenes nutricionales y de descanso habituales de las plantillas.
Finalmente, a pesar del profundo malestar por la actuación de las autoridades, el seleccionador intentó balancear su alocución destacando el histórico papel desempeñado por sus futbolistas, quienes firmaron la mejor campaña histórica de Egipto en las citas mundialistas tras superar la fase de grupos por primera vez. El técnico ponderó el valor de competir de igual a igual ante las estrellas de la liga europea utilizando una base conformada por veintitrés jugadores pertenecientes a la liga doméstica local, despidiéndose del torneo con la frente en alto pero ratificando su decisión personal de no continuar siguiendo las instancias del campeonato como una forma de protesta ante lo que consideró un atropello institucional.
