
“Es insostenible la situación”: crisis del consumo en panaderías se derrumba y el pan se compra por unidad
El pan (histórico termómetro del consumo masivo y de la dieta cotidiana nacional), registra un deterioro profundo en los mostradores de los comercios de barrio. De este modo, la profundización de la crisis económica en el último año y medio modificó de forma drástica las dinámicas de compra de las familias. Por lo tanto, los panaderos se transformaron en testigos directos de la erosión del poder adquisitivo, observando cómo la compra de facturas y masas pasó a considerarse un bien suntuario inalcanzable para la mayoría de los bolsillos.

La recesión no solo se traduce en números fríos de caída de actividad, sino en un cambio radical de conducta frente al mostrador. El tradicional pedido “por kilo” o “por medio kilo” prácticamente desapareció de las rutinas diarias, siendo reemplazado por la compra fraccionada al extremo de unas pocas piezas para el consumo del día. Por otra parte, la postal más dura de esta realidad se percibe en los sectores de menores recursos, donde se volvió habitual que adultos mayores y jubilados se acerquen a pedir piezas de pan al no contar con dinero suficiente para costearlas.
La radiografía del mostrador: precios, compras fraccionadas de pan y pedidos de ayuda

Los testimonios de comerciantes del Gran Buenos Aires confirman la gravedad del escenario operativo, incluso en establecimientos que mantienen valores muy por debajo del promedio del mercado. En una panadería ubicada en la localidad platense de Villa Elvira (avenida 13, entre 77 y 78), el kilo de pan se comercializa a $2.000 y la docena de facturas a $6.000, cifras sensiblemente inferiores a los $4.800 y $14.400 que promedian estos mismos productos en barrios porteños como Almagro.
A pesar de sostener tarifas accesibles, la titular del local platense, Tamara Gutiérrez Núñez, remarcó la transformación del consumo diario “De un año y medio a esta parte, la venta viene en caída; se redujo de manera impresionante. Tenemos la mitad del trabajo, como mínimo. Muchos compran por unidades: cuatro bollitos de pan negro, dos flautitas o tres figacitas. Ni siquiera el medio kilo. Es insostenible la situación“.
En consonancia con este diagnóstico, Martín Pinto, presidente del Centro de Industriales Panaderos (CIP) de Merlo e integrante de la directiva del Centro de Industriales Panaderos Agrupados del Norte (CIPAN), detalló el alcance del desplome en su comercio del barrio Loma Negra:
- Caída del pan: reducción del 60% en el volumen de ventas en el último año y medio.
- Hundimiento de la repostería: derrumbe del 85% en el expendio de facturas y productos de panadería dulce.
- Impacto en los sectores vulnerables: incremento de jubilados que solicitan asistencia alimentaria directa en el mostrador al no poder afrontar la compra de los insumos mínimos.
Cierre de locales y estrategias familiares para sostener las persianas abiertas

La combinación del aumento en las tarifas de servicios públicos (luz y gas), la desregulación de los alquileres comerciales y la caída del consumo interno generó un impacto directo en la supervivencia de los comercios del rubro. Desde el sector panadero señalan que la tendencia negativa se profundizó tras el proceso devaluatorio e informaron que las cámaras empresariales preparan un nuevo relevamiento nacional donde estiman que la cifra de panaderías cerradas en todo el país podría rondar los 3.000 locales, con datos críticos reportados desde provincias como Chaco, Formosa y Corrientes.
Las familias propietarias deben recurrir a estrategias de subsistencia operativa para evitar el cierre definitivo. En el caso del comercio de Villa Elvira, la dueña explicó que tuvo que cerrar uno de sus dos maxikioscos y reorganizar la atención del local junto a su esposo en turnos rotativos. La eliminación de puestos de trabajo asalariados y la absorción de todas las tareas por parte de los propios dueños se consolidó así como la única vía para reducir costos fijos y mantener la persiana levantada.

