
Rolando Graña: “En Brasil se cansaron de Milei”, el aumento real de la pobreza y los privilegios en el caso Moyano
Así de simple: en Brasil finalmente se cansaron de Javier Milei. ¿Cómo arrancó todo esto? Cuando Milei viajó a Brasilia a participar de la campaña de Eduardo Bolsonaro y empezó a insultar a Lula da Silva. Hubo una advertencia y, después, en tres oportunidades más, a pesar de que el canciller Pablo Quirno decía que iban a desescalar el conflicto, Milei volvió a insultar directamente al presidente de Brasil, tratándolo de ladrón.

El presidente Milei tiene un razonamiento futbolístico de “local y visitante”, sin matices políticos. Desdeña los detalles jurídicos de una causa supercompleja donde nada menos que la Corte Suprema de Brasil dictaminó que lo de Lula fue una causa armada que cayó por completo, mientras que el juez Moro terminó imputado. Para Milei estos detalles no importan; él sigue aferrado al relato de que Lula es un “zurdo ladrón y corrupto”, ignorando que es uno de los líderes más importantes de América Latina.
Para colmo, cuando habló allá se refirió a la “basura calva”, atacando a Alexandre de Moraes, miembro de la Corte Suprema y juez electoral de Brasil. Moraes es una especie de bestia negra para el entorno de Donald Trump porque durante las campañas sancionaba severamente la difusión de fake news y cerraba redes donde circulaban noticias falsas. Milei no solo insultó a Lula, sino también a un juez de la Corte, y la respuesta de Brasil fue degradar la representación diplomática en la Argentina. Es la primera vez en 40 años de democracia que sucede algo así.
Paralelamente, vemos las incoherencias en el discurso económico oficial. El presidente dice que le devolvieron a los argentinos 100.000 millones de dólares y que por eso cayó la pobreza. Si tanto le hubieran devuelto a la gente, la situación económica en la calle debería ser otra. La realidad y los datos duros dicen lo contrario: la Encuesta Permanente de Hogares que difunde el INDEC confirmó por segundo trimestre consecutivo que la pobreza volvió a subir. Para fin del año pasado estaba en torno al 28% y los economistas que analizaron los microdatos ya la proyectan en un 30% y en ascenso. Queda en evidencia que el plan oficial y la sola baja de la inflación no alcanzaron para solucionar la pobreza.
En el plano político, Milei reconoció públicamente que “eligió mal” con Victoria Villarruel, continuando un conflicto feroz. Llegaron al punto de que el presidente decidió viajar a Ecuador para que Villarruel quede a cargo del Ejecutivo y no pueda presidir la sesión del Senado sobre la Ley de Tierras ni desempatar con su voto.
Respecto a la Ley de Tierras, el oficialismo intenta vender un cambio fijando un límite del 25% para la propiedad en manos de extranjeros. Pero la trampa está en que omiten los límites municipales. Lo que buscan es generar un paraguas de protección para que desembarquen capitales a comprar extensiones estratégicas en la Patagonia, el norte minero o el Paraná, impidiendo que futuros gobiernos puedan expropiar o revisar esas concesiones.
Por último, en el plano judicial y social, el caso de Facundo Moyano expone una impunidad escandalosa. Vimos cómo un sindicalista que dirige un gremio en extinción vive en un piso de lujo en Núñez, propiedad de una empresa vinculada a la familia Caputo, se niega a realizarse análisis tras dos días de “gira” con consumo de drogas y logra que la policía demore ocho horas en allanar su domicilio, dándole tiempo a limpiar la escena. Esto indigna al trabajador que se levanta a las 5 de la mañana y evidencia la falta de sentido común y la doble vara de la justicia en la Argentina.
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