
Georgina Orellano denunció la violencia policial y cuestionó la falta de derechos para las trabajadoras sexuales
Las trabajadoras sexuales continúan reclamando condiciones laborales dignas y el reconocimiento de una actividad que, pese a décadas de organización, sigue sin contar con derechos básicos. La violencia institucional, las dificultades para acceder a una vivienda y la discriminación forman parte de una realidad que atraviesa al sector. Así lo planteó Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR), hoy en diálogo con Diego Schurman en El Zoológico.
Durante la entrevista, Orellano cuestionó la falta de reconocimiento laboral y describió las dificultades que enfrentan quienes ejercen el trabajo sexual. “No solamente no tenemos derechos laborales, no somos conocedoras de habitar un Estado de derecho, no sabemos lo que es tener una obra social, ni hacer aporte jubilatorio, ni acceder a un crédito”, afirmó.
La dirigente también denunció el aumento de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad. “Las persiguen. Las detienen. Les sacan el dinero”, sostuvo, y aseguró que realizaron numerosas denuncias con testimonios y registros audiovisuales que, según explicó, no tuvieron avances.
Uno de los casos que mencionó fue el de Reichel, una trabajadora sexual trans migrante de Perú que fue asesinada este año en el barrio porteño de Constitución. Orellano contó que la mujer había dejado el departamento que alquilaba por problemas económicos y se había mudado a una habitación en una pensión, donde encontró la muerte.
Sobre el accionar policial, explicó que el expediente continúa caratulado como muerte dudosa y cuestionó la intervención de los efectivos. Según relató, en los videos aportados por la fiscalía se observa que Reichel todavía estaba con vida cuando llegó la policía. “La policía la abordó tirándola al piso, subiéndose entre siete arriba de ella y bueno, ahí le agarró una convulsión”, contó. La autopsia determinó que murió por un paro cardíaco.
Orellano también cuestionó los operativos que se realizan en la Ciudad de Buenos Aires y los vinculó con una política de limpieza e higienización. “Hay una naturalización de una práctica que se volvió parte cotidiana de una escena y de un proyecto que tiene el gobierno de la ciudad”, señaló.
En esa línea, advirtió que la estigmatización alcanza a distintos sectores vulnerables. “Está la construcción del buen vecino, del buen ciudadano, y está la construcción de los sujetos desechables, descartables”, expresó, al mencionar a las personas en situación de calle, los vendedores ambulantes y los migrantes.
La situación en Constitución
Al referirse a Constitución, Orellano sostuvo que el barrio está atravesado por una fuerte estigmatización y advirtió sobre un proceso de gentrificación. “Cuanto más estigmatizado esté Constitución, hay un proyecto que avanza de gentrificación”, afirmó.
Según explicó, los desalojos de hoteles y pensiones forman parte de un escenario que preocupa a las trabajadoras sexuales. También señaló que existen dificultades para alquilar una vivienda debido a la discriminación que sufren por la actividad que realizan.
“Cuando nos preguntan a qué nos dedicamos, si las compañeras lo cuentan y lo decimos, bueno, nos sale el triple”, denunció. Además, sostuvo que muchas no pueden reclamar ante esas situaciones porque los propietarios responden que tienen derecho de admisión.
En ese contexto, destacó el trabajo de Casa Roja, el centro de día que AMMAR sostiene en Constitución desde hace nueve años. El espacio cuenta con comedor, asesoramiento jurídico, asistencia para migrantes, acompañamiento de trabajadoras sociales y una escuela primaria.
Los riesgos del trabajo sexual en plataformas digitales
Otro de los ejes de la conversación fue el crecimiento de plataformas como OnlyFans. Orellano cuestionó la diferencia de reconocimiento social entre quienes ofrecen servicios sexuales en la calle y quienes generan contenido erótico desde sus casas.
Cuando Schurman le planteó que las mujeres que trabajan en una esquina suelen ser condenadas, mientras que las creadoras de contenido digital reciben una mirada diferente, respondió de manera contundente: “Es la clase”.
La secretaria general de AMMAR explicó que muchas personas comenzaron a utilizar las plataformas después de la pandemia como una alternativa para complementar sus ingresos. Sin embargo, advirtió que también están expuestas a riesgos y que la actividad continúa sin reconocimiento laboral.
“El trabajo sexual no está relacionado a la esquina. El trabajo sexual es ofrecer un servicio sexual”, remarcó. En ese sentido, señaló que algunas trabajadoras sufrieron la difusión de fotografías y videos en otras páginas sin su consentimiento y que no cuentan con un marco jurídico que les garantice protección.
También explicó las dificultades para regularizar los ingresos obtenidos en esas plataformas. “No podés hacerte monotributista como trabajadora sexual porque no existe la categoría trabajadora sexual”, afirmó, y agregó que deben recurrir a otras categorías para poder declarar sus ganancias.
Orellano remarcó que producir contenido digital implica mucho más que publicar una fotografía. “Hay compañeras que para poder mejorar la calidad del contenido tuvieron que aprender inglés”, contó, y mencionó también la necesidad de capacitarse en marketing, edición de videos y manejo de redes sociales.
Además, describió las consecuencias emocionales de trabajar en soledad. Según explicó, algunas mujeres pasan hasta ocho horas por día frente a las plataformas y atraviesan situaciones de angustia cuando no consiguen vender contenido o no alcanzan los ingresos esperados.
“Es una angustia colectiva”, sostuvo, al explicar por qué considera fundamental la organización sindical para acompañar a quienes trabajan en la virtualidad.
Por último, se refirió a las notificaciones de ARCA dirigidas a mujeres que generan ingresos mediante OnlyFans. Según explicó, desde AMMAR organizaron una reunión virtual con una contadora para asesorarlas sobre los reclamos impositivos y ayudarlas a preparar los descargos correspondientes.
Orellano señaló que cada situación debe analizarse de manera particular porque las trabajadoras tienen distintas categorías y situaciones fiscales. En ese sentido, volvió a defender la organización colectiva como una herramienta para enfrentar la falta de reconocimiento y de garantías laborales.

