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Economía | octubre 2, 2026

Rolando Graña: “Los datos del INDEC empiezan a mostrar el cambio de tendencia que el Gobierno no reconoce”

Graña analizó los últimos indicadores.

Hay algo que no cierra entre el relato económico que el Gobierno lleva a los foros internacionales y los datos que empiezan a aparecer en la Argentina. Milei insiste en mostrar un catálogo de éxitos: crecimiento, reducción de la pobreza, aumento de los ingresos y una economía que, según dice, avanza con fuerza. Pero cuando uno mira los números del INDEC, aparece otra fotografía.

La última medición que yo estaba mostrando marca una pobreza del 34,4%. El promedio semestral estaba en 32,3%, pero la foto más reciente que tomé para analizar la evolución mostraba ese 34,4%. Y cuando uno mira la serie histórica y busca momentos en los que la pobreza estuvo alrededor de esos niveles, aparecen distintos períodos de deterioro económico.

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La cuestión central es el cambio de tendencia. Es verdad que durante una primera etapa la pobreza bajó y los ingresos mejoraron. Eso ocurrió después de una caída muy fuerte provocada por la devaluación que el propio Gobierno había generado. Pero ahora la pobreza lleva tres trimestres seguidos de aumento y los ingresos reales volvieron a caer.

Pero el dato más interesante está en los ingresos. Porque cuando hablamos de ingreso real estamos hablando, sencillamente, de la plata que gana la gente. Y ahí aparece un cambio de tendencia que es difícil de ignorar: después de haber recuperado buena parte de lo perdido, los ingresos medios reales volvieron a caer.

Si uno toma la serie con base 100, Macri recibió ese indicador en 100, lo llevó hasta 103 y después empezó a caer hasta 83. Ese mismo nivel es el que tiene Milei en la comparación que estaba mostrando. Alberto Fernández terminó su gestión con un ingreso medio real todavía más bajo, en 72. Milei, después de la devaluación, llevó ese indicador hasta 66 y luego comenzó una recuperación que llegó a 80, 90 y 93.

El problema es lo que pasó después. Desde que Milei ganó las elecciones hasta este último tramo, los ingresos de los argentinos cayeron 10 puntos y volvieron a 83. Entonces, del mismo modo que empezó a subir la pobreza, empezaron a caer los ingresos. Y esto es lo que el Gobierno no reconoce cuando sostiene que todo va para arriba y que todo funciona espléndidamente.

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No nos confundamos: hubo una etapa en la que efectivamente bajó la pobreza y mejoraron los ingresos. Eso está en los números. Pero la tendencia cambió. Y cuando uno mira los datos del INDEC, aparece una economía muy distinta de la que el Gobierno presenta en sus discursos.

Hay otro dato que también sirve como termómetro: el IVA. El IVA es el termómetro del consumo y, según el análisis que hice sobre esos números, lleva 11 meses de caída. Toda la facturación en blanco de las empresas y buena parte del consumo formal están mostrando esa contracción. Uno puede preguntarse si hay más economía informal, pero una mayor informalidad no significa crecimiento real de la economía.

El EMAE, el estimador de actividad económica, también mostró retrocesos. Y cuando cae el ingreso medio, la consecuencia es bastante sencilla: la gente consume menos. Se recortan las salidas, los gustos y hasta esos pequeños consumos cotidianos que antes parecían insignificantes.

Por eso empiezan a aparecer los pequeños termómetros de la economía real. El kiosquero que dice que está peor que durante la pandemia, la persona que hace trueque para conseguir un kilo de harina, el estudiante que tiene que elegir materias virtuales porque no puede pagar el transporte. Son relatos que aparecen en la calle y que ahora empiezan a coincidir con algunos indicadores oficiales.

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La estadística siempre llega con retraso. Puede tardar dos, tres o seis meses. Pero cuando esos números empiezan a encontrarse con lo que la gente está contando en la calle, hay algo que mirar. Si cae el ingreso, cae el consumo. Y si cae el consumo, la recesión empieza a sentirse especialmente en los sectores que dependen del mercado interno.

Porque acá aparece otra diferencia importante. No todos están viviendo la misma economía. Hay sectores a los que les va bien, como el campo, la pesca, la minería o el petróleo. Pero en los centros urbanos se ve otra cosa. Se ve en los comercios que pierden clientes, en las fábricas que dejan de competir y en quienes tienen que reducir sus gastos para llegar a fin de mes.

Entonces aparece una palabra a la que vamos a tener que acostumbrarnos: recesión. No necesariamente una recesión que atraviesa de la misma manera a toda la economía, sino una caída que golpea particularmente a los sectores tradicionales que mueven el consumo interno.

Y mientras tanto, el Gobierno sostiene en los foros internacionales que la economía crece, que la Argentina está entre los países que más crecen y que el camino está claro. El problema es que quienes escuchan esos discursos también miran los números. No son aplaudidores argentinos. Son inversores, organismos y personas que conocen la información disponible sobre la economía argentina.

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Vos podés decirles: “Tenemos este problema y vamos a salir de esta manera”. Lo que no podés hacer es decirles que no existe ningún problema cuando los indicadores empiezan a mostrar otra cosa. Porque después aparece la desconfianza.

Y lo mismo empieza a pasar en la vida cotidiana. El relato del kiosquero, el del trabajador que perdió su empleo, el de la persona que vuelve al trueque, el de quien tiene que elegir entre viajar para estudiar o estudiar de manera virtual. No son solamente anécdotas aisladas: son postales de una economía en la que una parte de la sociedad está recortando consumo y tratando de sobrevivir con menos ingresos.

Esto no significa automáticamente que ese malestar se vaya a traducir en un voto contra Milei. Eso es otra discusión. Milei todavía puede volver a convencer a una parte de la sociedad de que el camino conduce hacia una Argentina mejor.

Pero una cosa es el relato y otra cosa son los datos. Y hoy lo que muestran los datos que estaba analizando es que aquella tendencia inicial de mejora en pobreza e ingresos cambió. La pobreza volvió a aumentar, los ingresos volvieron a caer y el consumo muestra señales de contracción.

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Ese es el dato que para mí hay que mirar. Porque mientras el Gobierno insiste con que todo va para arriba, el INDEC empieza a mostrar otra fotografía. Y cuando la estadística oficial empieza a coincidir con lo que la gente está contando en la calle, ya no alcanza con repetir el relato: hay que mirar qué está pasando realmente con los ingresos, el consumo y la actividad económica.

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