
Industria Naval: Domingo Contessi y Sandra Cipolla alertaron por la parálisis: “nos quedamos sin cartera”
La industria naval argentina atraviesa un freno productivo histórico y los principales astilleros del país se quedan sin barcos en construcción para los próximos meses.

El sector pasó de tener listas de espera con más de 30 clientes a entregar los últimos pedidos sin nuevas órdenes de compra en carpeta.
La parálisis obligó a suspender las celebraciones por el Día de la Industria Naval Argentina en conmemoración del histórico decreto de Arturo Frondizi.
“Estamos entregando los últimos barcos y nos quedamos sin cartera”, advirtió Domingo Vito Contessi, presidente del Astillero Naval Federico Contessi.
La caída de la rentabilidad pesquera frena la renovación
El motor del crecimiento naval fue la pesca, pero la pérdida de rentabilidad de las empresas frenó las inversiones en nuevas embarcaciones.

Aunque hay récord de capturas y exportaciones, el atraso cambiario y la suba del 50% en el combustible pesas sobre los costos.
A este escenario se suma el aumento del Derecho Único de Extracción y la presión de las retenciones en el puerto de Mar del Plata.
“Somos competitivos, somos eficientes, pero estamos compitiendo con un mercado de usados, no con un mercado nuevo”, remarcó Sandra Cipolla, dirigenta de ABIN.
Polémica por la licitación de poteros asignados a China
La flota argentina tiene un promedio de 40 años de antigüedad, pero las empresas nacionales terminaron desplazadas por el mercado de buques usados del exterior.
La tensión aumentó tras la asignación de 18 nuevos permisos para poteros de calamar por parte del Consejo Federal Pesquero.

Ninguna de esas embarcaciones se construirá en el país: 11 se harán en talleres de China y siete serán unidades usadas importadas.
Los talleres nacionales contaron con solo 20 días para presentar presupuestos y la solicitud de prórroga fue rechazada oficialmente.
Impacto en el empleo y la búsqueda de nuevos mercados
El freno en las gradas ya provocó una reducción del 20% en planteles y amenaza a 3.000 puestos directos en empresas privadas y talleres como Tandanor y Río Santiago.
Desde entidades como FINA reclaman una política de Estado para la Marina Mercante y la defensa de la flota en las vías navegables.
Frente a la parálisis, firmas como Grupo SPI buscan diversificar su producción abasteciendo a proyectos en Añelo y desarrollos en Vaca Muerta.
Otras instalaciones regresarán de forma masiva a las tareas de reparación y transformación de barcos viejos para sostener sus estructuras.

