
El femicidio de Agostina Vega reabre el debate sobre el tratamiento mediático de las víctimas
El caso de Agostina Vega atraviesa la convocatoria por los 11 años de Ni Una Menos. No solo por la brutalidad del crimen que investiga la Justicia, sino también por el debate que generó la cobertura mediática durante los días de búsqueda y tras la confirmación de su asesinato.
Durante una conferencia de prensa, Gabriel Vega, padre de la adolescente, cuestionó con dureza a quienes difundieron versiones sobre la vida de su hija sin sustento judicial y pidió respeto para la familia.
“Hay medios que han sido muy respetuosos, pero los medios que han difamado a mi hija dejan muchísimo que desear. Es asqueroso lo que hacen”, expresó.
Sus declaraciones pusieron nuevamente sobre la mesa una discusión que acompaña al movimiento feminista desde su nacimiento: cómo informar sobre un femicidio, una desaparición o una situación de violencia sin caer en prácticas que terminan responsabilizando a la víctima.
El peligro de poner el foco en la víctima
En las últimas horas, distintas organizaciones feministas señalaron que parte de la cobertura sobre el caso de Agostina reprodujo mecanismos habituales de estigmatización.
La activista Luci Cavallero cuestionó públicamente las preguntas que circularon en algunos espacios mediáticos sobre los hábitos, amistades o decisiones personales de la adolescente.
“El ‘algo habrá hecho’ se replica en los medios”, sostuvo durante la conferencia de convocatoria a la marcha de Ni Una Menos.
La referencia apunta a una lógica histórica que especialistas en comunicación y género identifican como una de las formas más frecuentes de violencia simbólica: desplazar la atención desde el agresor hacia la conducta de la víctima.
En lugar de concentrarse en los antecedentes del acusado o en las fallas institucionales que pudieron haber permitido el crimen, el foco suele dirigirse a aspectos irrelevantes de la vida privada de quien sufrió la violencia.
Ni Una Menos y el reclamo por una comunicación responsable
Desde su primera movilización en 2015, Ni Una Menos incorporó entre sus demandas la necesidad de transformar el tratamiento informativo de los casos de violencia machista.
La cobertura de femicidios, desapariciones y abusos dejó de entenderse como un problema exclusivamente periodístico para convertirse también en una cuestión de derechos humanos.
Las organizaciones sostienen que la difusión de rumores, la exposición innecesaria de imágenes, la publicación de datos personales o las especulaciones sobre la vida íntima de las víctimas pueden profundizar el daño sobre las familias y obstaculizar las investigaciones judiciales.
En ese sentido, el reclamo de Gabriel Vega encontró eco entre referentes feministas y organismos especializados en violencia de género.
La revictimización como una forma de violencia
La abogada de la familia, Fernanda Alaníz, también cuestionó la utilización pública del caso y pidió que se deje de exponer a la adolescente.
“No usen más a Agostina. De esta forma la vuelven a matar”, afirmó.
La frase resume uno de los conceptos más utilizados por especialistas en género: la revictimización.
El término describe aquellas prácticas institucionales, sociales o mediáticas que obligan a las víctimas o a sus familias a atravesar nuevamente situaciones de sufrimiento, exposición o estigmatización.
En contextos de alta repercusión pública, la difusión de versiones no verificadas suele amplificar ese fenómeno.
Un debate que vuelve a cobrar fuerza
El asesinato de Agostina ocurre a pocos días de una nueva movilización de Ni Una Menos, que este año volverá a reclamar políticas públicas contra la violencia de género y justicia para las víctimas.
Sin embargo, el caso también reabre otro interrogante: cuál es la responsabilidad de los medios cuando informan sobre crímenes que conmueven a la sociedad.
Mientras la Justicia intenta reconstruir qué ocurrió con la adolescente cordobesa, la familia insiste en un pedido concreto: evitar la circulación de versiones falsas y respetar la memoria de una joven cuya historia volvió a exponer las consecuencias que puede tener una cobertura irresponsable.
Porque detrás de cada expediente judicial, recuerdan los familiares, hay personas que siguen intentando atravesar el duelo. Y también una sociedad que todavía debate cómo contar estas historias sin transformar el dolor en espectáculo.
