
Por la desaceleración y caída en la recaudación, peligran las metas del Gobierno con el FMI
La caída de la actividad en sectores clave, junto con un esquema de ajuste que ya muestra límites para seguir profundizándose, pone en duda la capacidad del Gobierno de sostener el superávit comprometido con el Fondo Monetario Internacional sin recurrir a nuevas medidas o solicitar flexibilizaciones.
El programa económico del Gobierno de Javier Milei enfrenta un escenario cada vez más complejo para cumplir con las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque el equilibrio fiscal continúa siendo el principal ancla de la gestión de Luis Caputo, distintos análisis advierten que la profundización del ajuste comienza a mostrar rendimientos decrecientes. La desaceleración de la actividad económica reduce la capacidad de aumentar la recaudación y limita el margen para seguir recortando el gasto.
En ese contexto, el propio diseño del programa económico terminó “autocondicionando” al Ministerio de Economía. Tras un primer año en el que el ajuste estuvo concentrado en partidas extraordinarias y licuación del gasto, ahora el Gobierno enfrenta mayores dificultades para encontrar nuevas fuentes de ahorro sin afectar áreas sensibles o comprometer la recuperación económica. A ello se suma que varias de las metas pactadas con el FMI exigen sostener un superávit primario más elevado que el previsto originalmente en el Presupuesto.
La situación cobró mayor relevancia luego de que trascendiera que el Gobierno no alcanzó el objetivo fiscal correspondiente a junio comprometido con el organismo internacional, lo que abriría la necesidad de negociar un nuevo waiver (perdón por incumplimiento) para mantener vigente el programa financiero.
Al mismo tiempo, la evolución de la economía real agrega presión sobre las cuentas públicas. Los últimos indicadores muestran que la actividad continúa creciendo de manera muy heterogénea, sostenida principalmente por el agro, la minería y otras actividades del sector primario, mientras la industria manufacturera y el comercio siguen mostrando retrocesos.
Esa dinámica tiene impacto directo sobre la recaudación tributaria. La menor actividad industrial y comercial reduce el ingreso por impuestos vinculados al consumo y a la producción, dos fuentes centrales de recursos para el Estado. De esa manera, el Gobierno debe sostener el superávit con una economía que todavía no logra una recuperación generalizada.
Los datos difundidos sobre mayo reflejan precisamente esa “economía de dos velocidades”: mientras el sector primario continúa impulsando los indicadores agregados, la industria y el comercio permanecen en recesión, limitando la expansión del empleo privado y del consumo interno. Esa disparidad también había sido advertida por distintos analistas en las proyecciones sobre el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que identifican al agro y la minería como los principales motores del crecimiento, en contraste con la debilidad persistente de los sectores vinculados al mercado interno.
Según un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el Sector Público Nacional registró en junio una caída interanual real del 8,5% en sus ingresos totales. Dentro de ese resultado, la recaudación tributaria retrocedió un 8,8% respecto del mismo mes del año pasado. Al mismo tiempo, el gasto primario aumentó un 3,1% en términos reales, lo que revirtió el superávit registrado previamente y derivó en un déficit primario de $696.843 millones, medido a valores constantes.
En este escenario, el desafío para el Ministerio de Economía consiste en compatibilizar tres objetivos simultáneos: preservar el superávit fiscal, sostener el proceso de desinflación y evitar que la debilidad de la actividad termine profundizando la caída de la recaudación. Ese equilibrio aparece como uno de los principales condicionantes de la segunda etapa del programa económico y será observado de cerca por el FMI durante las próximas revisiones del acuerdo.

