
El duro análisis de Rolando Graña: “En el gobierno conviven figuras salpicadas por irregularidades”
El presidente Javier Milei dio una entrevista donde aclaró que va a seguir haciendo más de lo mismo. Frente a esto, uno se pregunta a dónde va o dónde termina todo esto. Este camino incluye banderas históricas que ya fracasaron, como la lucha contra la corrupción o la moral como política de Estado. La moral cayó por su propio peso: en el gobierno conviven figuras salpicadas por irregularidades, como los manejos inmundos en los fondos de la Andis con su amigo y abogado Español. La corrupción se convirtió hoy en la principal preocupación de los argentinos.

Milei insiste en la ortodoxia económica y asegura que no habrá “plan platita”, discutiendo no solo con la oposición sino también con el Fondo Monetario Internacional. Cuando Kristalina Georgieva pasó por acá, señaló que la bonanza y el ajuste debían traducirse en redistribución hacia la gente. La respuesta del presidente fue un rotundo no, aferrándose a la única bandera que le queda: la batalla contra la inflación.
Ante el problema del endeudamiento de las familias, el gobierno argumenta que es un asunto entre privados. Pero los privados son asimétricos: no se puede comparar a un ciudadano común con un banco o una billetera virtual que cobra tasas usurarias de hasta el 400% de Costo Financiero Total anual, en un país con inflación proyectada del 30%. El endeudamiento creció de forma inmediata a la devaluación inicial. La gente se endeudó creyendo que hacía un puente para llegar a una situación mejor. Hoy los niveles de morosidad son escandalosos: alcanza el 10,6% en grupos familiares, un nivel superior al de la crisis de 2001. En las billeteras virtuales, orientadas a los sectores más vulnerables, el incumplimiento trepa al 31,5%. Cuando un fenómeno social adquiere esta magnitud, deja de ser un problema individual y se convierte en un problema político, consecuencia directa del plan económico.

El presidente recurre con frecuencia a falsedades o explicaciones retorcidas para instalar agenda y desviar la atención. Un caso claro ocurre cuando habla de temas internacionales o cuando sostiene que funcionarios de su gabinete son totalmente inocentes. El trabajo diario en el periodismo se vuelve agotador porque obliga constantemente a desmentir lo obvio. Mientras desde el Ejecutivo afirman que la economía va excelente, la realidad muestra locales cerrados y el consumo paralizado. Si bien hay sectores primarios o extractivos a los que les va bien y traccionan indicadores generales, esos sectores no generan empleo masivo, mientras la industria, el comercio y la construcción se desploman.
Para justificar una supuesta bonanza, el gobierno suele recurrir a ejemplos de tribuna. Milei afirmó que nunca hubo tantos recitales como ahora. Es verdad que hay un boom de eventos con figuras internacionales, pero esto responde a una combinación de dólar barato y facilidades tecnológicas de venta virtual. Además, se trata de un fenómeno acotado a la clase media alta, que según estudios recientes de la Fundación Pensar apenas representa al 11% de la población. Mientras tanto, los indicadores reales del consumo de la clase media se derrumban: los datos de patentamiento de autos en julio mostraron una caída del 30,3% interanual y un 7,7% mensual.

En cuanto a la pobreza, aunque el gobierno logró una reducción respecto a los picos del impacto inflacionario inicial, los datos recientes de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC proyectan que la pobreza vuelve a subir, posicionándose cerca del 30%. El estancamiento de los ingresos y paritarias por debajo de la inflación están revirtiendo la tendencia.
En el plano político, la imagen del presidente viene mostrando caídas, incluso durante el período del Mundial y en un contexto de inflación más baja respecto a los meses iniciales. Ante esto, el gobierno reaviva la batalla cultural para consolidar su núcleo duro del 30% al 35%. Por eso también profundiza los ataques hacia figuras como Axel Kicillof o Cristina Fernández de Kirchner, ante encuestas que reflejan un alto descontento social con la gestión actual. La estrategia oficial busca polarizar y evitar la reorganización de la oposición de cara a los próximos escenarios electorales.

