
Pasó 12 años presa por el crimen de su marido y era inocente: “Inventaron una novela macabra”
La escena quedó grabada para siempre en Arequito, Santa Fe. Era una tarde de domingo de febrero de 2005 cuando un vecino se acercó a la vivienda y vio algo estremecedor: dos cuerpos tirados en el piso, rodeados de sangre. Omar Bartorelli estaba muerto. Su esposa, María Antonia Gauna, agonizaba con cortes profundos en sus muñecas.
Lo que parecía ser un brutal ataque iba a transformarse en una historia de dolor, dudas y una condena injusta. La Justicia acusó a María de haber asesinado a su marido y de haber intentado suicidarse para simular una escena de robo. Fue condenada a prisión perpetua y pasó 12 años encerrada hasta que logró demostrar su inocencia.
“Inventaron una novela macabra donde el personaje principal lamentablemente he sido yo”, dijo años después la mujer.

El amor que terminó en una pesadilla
María tenía 35 años cuando se casó con Omar. Ella era correntina, él santafesino. Se habían conocido a través de familiares y habían construido una relación que, según ella, estaba llena de proyectos.
“Fue una relación muy hermosa”, recordó.
La pareja soñaba con tener hijos y formar una familia. Después de dos años y medio de noviazgo decidieron casarse. Pero apenas siete meses después de la boda, aquella historia de amor quedó atravesada por una tragedia.
La noche del 6 de febrero de 2005 habían cenado con familiares de María, que estaban atravesando el duelo por la muerte reciente de su madre. Después regresaron a su casa.
Como siempre, Omar dejó el auto en el garaje de sus padres, ubicado a una cuadra. María entró primero para abrirle la puerta. Fue ahí cuando, según su relato, apareció el hombre que cambiaría su vida para siempre.
“Al ingresar a mi casa me encuentro con una persona encapuchada y con un arma. Tenía una barba muy larga y se le veían sus ojos. Cuando me habla escucho su voz y lo reconozco: le digo ‘sos Pirulo’”, contó.
Según declaró, el hombre buscaba dinero. Creía que Omar había retirado una suma importante del banco para comprar un tractor, pero ese dinero nunca estuvo en la casa.
María entregó lo que tenía y el atacante la ató de las muñecas. Minutos después llegó Omar. “Mi marido me gritó: ‘Mari, abrí la puerta’”, recordó. El hombre también habría reducido a Omar y los obligó a quedarse en el interior de la vivienda bajo amenazas.
“Nos dijo: ‘Entren, si no los mato’”, relató María.

La acusación que la llevó a la cárcel
Después del ataque, Omar fue encontrado con múltiples heridas de arma blanca y golpes, su esposa fue trasladada a un sanatorio con cortes profundos en ambas muñecas, dos paros cardiorrespiratorios y una importante pérdida de sangre.
Pero cuando despertó, la investigación ya tenía una hipótesis: ella era la responsable.
Los investigadores sostuvieron que había matado a su marido y luego intentado quitarse la vida. Para María, esa teoría ignoró todas las pruebas que apuntaban a un ataque externo.
“Grité a viva voz quién era el asesino de mi marido, pero la jueza no me creyó. Dijo que yo fabulaba”, sostuvo. Según recordó, la Justicia construyó una versión en la que ella había golpeado a Omar, lo había asesinado con una cuchilla y después había intentado simular un suicidio.
“Una novela inventaron. Una novela macabra donde el personaje principal lamentablemente he sido yo”, afirmó. En 2008 fue condenada a prisión perpetua.
La prueba que cambió todo
Durante los años que pasó presa, María y su familia continuaron buscando elementos que permitieran revisar el caso.
La clave apareció nueve años después: un estudio médico que había quedado archivado en el sanatorio donde fue atendida tras el ataque. El informe demostraba que las heridas en sus muñecas eran incompatibles con un intento de suicidio como el que sostenía la acusación. Las lesiones eran tan profundas que resultaba imposible que hubiera podido provocárselas sola y continuar con la otra mano.
La prueba llegó a la Corte Suprema de Santa Fe. El 20 de diciembre de 2016, después de 12 años detenida, la condena fue anulada y María recuperó su libertad. Había entrado a la cárcel con 35 años y salió con 48: “Mi fe y mi inocencia me mantuvieron viva y fuerte”, dijo.
Una vida que nunca pudo recuperar
Después de quedar libre, María volvió a Corrientes. Pero asegura que nunca pudo recuperar todo lo que perdió.
Demandó al Estado de Santa Fe por los años de encierro y por el daño sufrido. Un tribunal ordenó una indemnización de siete millones de pesos, aunque para ella ese monto no alcanza.
“Parece una burla. No hay plata capaz de resarcir todo lo que me quitaron”, expresó.
La mujer sostiene que perdió el proyecto de vida que había construido junto a Omar y todavía reclama que se encuentre al verdadero responsable del crimen.
“Yo ya demostré mi inocencia. Ahora quiero que investiguen quién mató a mi marido”, pidió.
Años después de aquella madrugada, María todavía no pudo volver a la casa donde ocurrió todo.
Y resume su historia con una frase que condensa una pelea de más de una década:
“La Justicia tiene los ojos vendados, pero en mi caso también tiene los oídos tapados”.
