
“El deporte no es la guerra”: Fuerte carta de los excombatientes de Malvinas en la previa del partido Argentina – Inglaterra
El cruce mundialista pautado para el próximo 15 de julio en el Mercedes Benz Stadium de Atlanta encendió rápidamente las alarmas de la FIFA, organismo que catalogó el encuentro como de “alto riesgo” debido a la ineludible carga histórica y geopolítica que envuelve a ambas naciones por la guerra de Malvinas. Las autoridades gubernamentales y policiales decidieron implementar un estricto protocolo preventivo para evitar cualquier tipo de altercado en las tribunas, tomando medidas drásticas respecto a la simbología y los mensajes que los fanáticos podrán exhibir durante el desarrollo del juego.

La ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, brindó detalles precisos sobre el blindaje del recinto, el cual contará con la presencia de más de 1.600 efectivos, combinando agentes del estado de Georgia y personal de seguridad privada. Asimismo, la funcionaria ratificó la decisión más comentada de la jornada: “los simpatizantes tendrán terminantemente prohibido acceder a las gradas con banderas, carteles o prendas que contengan leyendas alusivas a la Guerra de Malvinas o mensajes que puedan resultar provocativos para la hinchada rival”. Por otra parte, para minimizar los cruces en las inmediaciones, se estipuló que los argentinos ingresarán por la puerta número 4 y los ingleses por la número 3, además de aplicarse el derecho de admisión sobre un listado de 33.000 personas entregado a los Estados Unidos, del cual ya surgieron 13 deportados por intentar vulnerar los controles.

El mensaje de Scaloni: “Es solo un partido de fútbol”
Frente a la inmensa expectativa y la efervescencia popular, el cuerpo técnico y los referentes de la Selección Argentina decidieron adoptar una postura unificada para bajar los decibeles y concentrarse estrictamente en el plano deportivo. El entrenador Lionel Scaloni fue el primero en marcar la cancha al asegurar que, más allá de todo, “se trata solo de un partido de fútbol”.

Esta misma línea pacifista y enfocada en el juego fue replicada por los estandartes del equipo. Emiliano “Dibu” Martínez, quien conoce de cerca la cultura británica, remarcó que el respeto estará presente, recordando que sus hijos nacieron allí y que lleva más de 16 años conviviendo en suelo inglés. Rodrigo De Paul, por su parte, ofreció una reflexión más profunda, reconociendo el dolor de la guerra pero separando los tantos “Tiene mucha trascendencia y las canciones tienen mucho que ver con nuestros héroes de Malvinas para recordarlos. Fue una atrocidad lo que pasó, y nosotros siempre lo recordamos. Pero tenemos que entender que es un partido de fútbol y que las Malvinas se tienen que discutir en otros lugares. Lo que queremos es ganar para llegar a la final“.
Entre la diplomacia y el honor inclaudicable
Ante la ola de declaraciones que intentan aislar el deporte del contexto histórico, las principales organizaciones de excombatientes decidieron alzar la voz para fijar su posición. Tanto la Confederación Nacional de Combatientes de Malvinas como la Federación de Veteranos de Guerra publicaron cartas abiertas dirigidas al pueblo argentino, coincidiendo en la necesidad de no renunciar a la memoria colectiva bajo la excusa de la convivencia deportiva.
Las agrupaciones manifestaron su preocupación frente a los intentos de ciertos sectores mediáticos y culturales de persuadir a la sociedad de que recordar a los caídos durante un partido es un acto “inconveniente“. Los veteranos fueron categóricos al afirmar que “ninguna sociedad digna construye su futuro renunciando a su memoria” y alertaron sobre el “poder blando” que busca vaciar de contenido los símbolos patrios y relativizar la historia nacional.


Sin embargo, los ex combatientes dejaron en claro que el reclamo no debe confundirse con la violencia. Subrayaron que “el deporte no es la guerra“ y que el partido no representa una revancha armada, instando a los miles de hinchas presentes en Estados Unidos a gritar que las Malvinas son argentinas con absoluto orgullo, pero sin caer en la xenofobia ni en el odio. Para los veteranos, el verdadero triunfo radica en que el fútbol funcione como un puente pacífico para “malvinizar” a las nuevas generaciones, demostrando al mundo entero que, aunque la pelota ruede y el resultado pase a la estadística, la soberanía nacional y la memoria de los 649 caídos no se negocian en ninguna cancha.
