
Crisis del transporte público: menos frecuencias, tarifas más caras y una movilidad cada vez más desigual
Dentro de poco no iremos ni en tren, ni en avión, ni en colectivo… Un contundente informe analiza cómo la reducción de subsidios impactó en la frecuencia de colectivos y trenes, el aumento de tarifas y el crecimiento del transporte individual en las principales ciudades del país.“Transporte público urbano: cuando la movilidad no es un lujo, sino un derecho”, realizaado por la Fundación Colsecor no deja lugar a dudas sobre lo mal y caro que nos movemos en Argentina.

Menos colectivos, menos trenes y boletos más caros
El informe describe un escenario marcado por servicios más irregulares, viajes más extensos y costos crecientes para los usuarios.
En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), un estudio de la UBA y el Conicet detectó caídas de hasta el 40% en la frecuencia de colectivos, fenómeno asociado a una reducción real del 34% en los subsidios nacionales.
En el interior del país, la situación también se agravó. En Córdoba, la provincia declaró la emergencia del transporte urbano y reclama la restitución del Fondo de Compensación al Transporte del Interior, eliminado por el Gobierno nacional en 2024. Ante la falta de financiamiento, las empresas nucleadas en FETAP evalúan eliminar beneficios para policías, personas con discapacidad y menores de cinco años.
El caso de Rosario refleja otra dimensión de la crisis: durante 2025 se vendieron apenas 41 millones de boletos, una cifra comparable con la etapa de restricciones por la pandemia. Además, desde diciembre de 2023 se redujo la frecuencia en el 38% de las líneas urbanas.
El deterioro también alcanzó al sistema ferroviario. Según el informe, varias concesionarias recortaron servicios y quedaron suspendidas obras estratégicas como la electrificación del Belgrano Sur o créditos internacionales destinados a modernizar líneas metropolitanas.

La “salida individual”: más autos y motos en las calles
El documento sostiene que la pérdida de calidad del transporte público impulsa a miles de personas a buscar alternativas privadas, generando un fenómeno que profundiza la crisis.
Los datos de la tarjeta SUBE muestran que el uso del transporte público cayó un 5,6% respecto de 2025 y casi un 20% frente a los niveles prepandemia.
Al mismo tiempo, aumentó el ingreso de vehículos particulares a la Ciudad de Buenos Aires. El flujo de autos hacia la capital creció un 15,7%, mientras que el tránsito en la autopista Panamericana aumentó un 24% entre 2019 y 2023.
El especialista Federico Poore definió este proceso como un “círculo vicioso”: el deterioro del servicio empuja a los usuarios hacia opciones privadas; al caer la cantidad de pasajeros, disminuyen los ingresos del sistema y vuelven a ajustarse frecuencias y mantenimiento.
En paralelo, el informe destaca el fuerte crecimiento del uso de motos. Solo en abril de 2026 se patentaron 80.737 motovehículos, un 51,5% más que el año anterior. Para muchos trabajadores, especialmente quienes realizan tareas de reparto o delivery, la moto se convirtió en la única alternativa accesible.
Más contaminación y peor calidad de vida
La investigación advierte además sobre las consecuencias ambientales y sanitarias del crecimiento del transporte individual.
Según datos de la CEPAL, el transporte representa el 36% de las emisiones vinculadas al consumo energético en América Latina, y más del 80% corresponde al transporte terrestre.
El aumento del parque automotor también impacta en la contaminación sonora y en la congestión urbana. El informe señala que ciudades como Buenos Aires ya presentan algunos de los niveles de ruido más elevados de la región.
A esto se suman más accidentes viales, mayor saturación en los accesos metropolitanos y un deterioro progresivo de las condiciones ambientales.
Movilidad, desigualdad y pérdida de derechos
Como conclusión, el informe de COLSECOR sostiene que la movilidad urbana dejó de ser únicamente un problema de tránsito para transformarse en una discusión vinculada a la desigualdad social y al acceso a derechos básicos.
“La posibilidad de viajar de manera digna, segura e integrada se está transformando gradualmente en un privilegio”, advierte el documento.
