
Diputados aprobó la “Ley Hojarasca” tras una sesión cargada de cruces y acusaciones
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El oficialismo logro conseguir la aprobación de la denominada “Ley Hojarasca”, una de las reformas centrales impulsadas por la administración de Javier Milei para avanzar con la desregulación del Estado y la derogación de normativas que el Poder Ejecutivo considera obsoletas. El avance de la agenda gubernamental se dio en el marco de un clima de extrema tensión y debates cruzados que paralizaron la atención legislativa.
El debate no solo se centró en el paquete de reformas del Estado, sino que se convirtió en un ring político donde las fuerzas opositoras intentaron, sin éxito, golpear la estructura de comunicación de la Casa Rosada mediante un pedido formal de citación al vocero presidencial.
La iniciativa, diseñada originalmente para “limpiar” el ordenamiento jurídico argentino mediante la eliminación de leyes en desuso, restrictivas o que quedaron anacrónicas, logró los votos necesarios gracias al respaldo de los bloques aliados.
Con este resultado, el oficialismo demuestra que mantiene su capacidad de articulación parlamentaria para destrabar proyectos de ley clave en momentos de alta polarización.
Desde las filas gubernamentales defendieron el proyecto argumentando que la eliminación de estas normativas “burocráticas y arcaicas” alivia la carga del Estado, agiliza la gestión y devuelve libertades individuales y económicas a los ciudadanos.
Imposible interpelar a Adorni
El momento de mayor fricción en el recinto se vivió cuando los bloques de la oposición unificada intentaron colar en el temario un pedido de interpelación contra el portavoz presidencial, Manuel Adorni.
La jugada buscaba forzar al funcionario a dar explicaciones vinculadas a sus viajes y declaraciones patrimoniales ante los diputados. Sin embargo, el oficialismo activó rápidamente sus resortes legislativos y, junto a sus socios políticos, logró bloquear de plano la solicitud, impidiendo que prosperara el tratamiento sobre tablas.
Este revés para la oposición desató una lluvia de chicanas verbales, acusaciones cruzadas de censura y gritos desde las bancas, exponiendo las profundas diferencias metodológicas y políticas que dividen al Congreso.
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