
¿Boom de empleo o de despidos? El duro diagnóstico sobre la economía y la industria
Es muy difícil hacer este laburo en la Argentina. No solo tenemos un presidente que nos insulta cada diez minutos, que nos trata de ensobrados o pedazos de mierda, sino que además hay que andar discutiendo y explicando lo obvio. No es una buena noticia que estén creciendo los puestos informales de trabajo; eso se llama el negreo de la economía, y es la “peruanización” de la Argentina.

Ayer escuchamos al presidente Javier Milei en uno de estos encuentros a los que va para que lo aplaudan, diciendo que los salarios del sector informal “están volando”. Lo hace sin dar una sola cita ni fundamentación. Nos habían dicho que la reforma laboral iba a traer un “boom” de contrataciones en blanco porque las pymes no iban a tener miedo a las indemnizaciones leoninas. Lejos de un boom de contrataciones en blanco, lo que vino fue un boom de despidos. En el parque industrial de Pilar, el más grande de la Argentina, los despidos se aceleraron tanto cuando Milei ganó las elecciones como cuando se sancionó la ley laboral. Además, es insostenible decir que vuelan las changas cuando la caída del consumo es brutal.
En este contexto, la frase de Milei de que “la foto es mala pero la película es la mejor de la historia” resulta inverosímil. Tal vez sea la mejor película de la historia para las mineras, los petroleros, los ricos de Vaca Muerta, Mercado Libre o los bancos que cobran tasas usurarias. Pero no para el resto de los argentinos. Y cuando añade que “si no ganamos es porque la sociedad decide suicidarse”, demuestra una soberbia enorme, o bien un dejo de derrotismo. Denota que se piensa a sí mismo como un influencer global o un tuitero con custodia, proyectando dar conferencias por el mundo si la gestión falla.
Incluso los sectores que hasta recién lo aplaudían como focas empiezan a marcar distancias. La Unión Industrial Argentina (UIA) rompió el silencio frente a un industricidio que es peor que el de los tiempos de Martínez de Hoz o Cavallo. El propio presidente de la UIA, Martín Rapallini, habló de una “transición industrial” complicada, y Claudio Drescher de la Cámara de la Indumentaria advirtió que ya son más de 100.000 los puestos formales perdidos en la industria. Más contundente fue Guillermo Moretti, vicepresidente de la UIA, al apuntar contra Toto Caputo señalando que “no conoce un torno” y que es un trader al que solo le importan las finanzas. Moretti incluso cuestionó cómo la declaración jurada de Caputo aumentó un 37% en dólares en un año mientras el país se endeuda. Mientras Caputo sostiene que están “en el camino correcto”, Fernando de Andreis y el PRO salen a su rescate tratando de justificarlo, pero la realidad la sintetizó Axel Kicillof: es una macroeconomía de salarios bajos.
En el fondo, muchos industriales que votaron a Milei por bronca al peronismo y por la inflación, hoy se encuentran con las fábricas paradas y sin ventas. Se creyeron que una reforma laboral o un discurso anti-estado los liberaría, pero terminaron pegándose un tiro en el pie. Esta recesión autoinfligida demuestra que sin consumo interno ni capacidad productiva no hay modelo económico viable. Y este desacople con la realidad cotidiana no golpea solo a la producción. Por el lado de la Iglesia, Monseñor Rossi desde Córdoba advirtió con dureza que “la macro no baja al plato de la gente”, dejando en evidencia la profunda brecha entre el discurso oficial de la Casa Rosada y lo que verdaderamente se vive en las calles de todo el país.
Mirá la editorial completa en nuestro canal de YouTube Radio del Plata.
