
La advertencia por El Niño y las rutas: los argentinos pagan impuestos y peajes mientras faltan obras
Hay algo que quiero discutir porque nos están vendiendo una idea que, cuando uno la mira un poco más de cerca, no termina de cerrar.
Ayer Javier Milei volvió a hablar de infraestructura vial. Y volvió a explicar que el modelo consiste en darle al sector privado la mayor participación posible, con concesiones para la operación y el mantenimiento de miles de kilómetros de corredores viales.
La idea, según el Presidente, es sencilla: cuando el Estado se corre, aparece quien construye. El privado asegura las inversiones y eso no le cuesta un peso a la gente, ni en impuestos ni en inflación futura.
Bueno, no.
No es así.
Porque las rutas ya las estamos pagando.
Las pagamos cada vez que cargamos combustible. Y las vamos a pagar, además, cuando pasemos por los peajes.
Entonces, decir que la situación de las rutas no la vamos a pagar todos los argentinos es falso.
La vamos a pagar caro los que utilicemos las rutas a través de los peajes y la estamos pagando todos a través del impuesto a los combustibles.
Esa es la discusión que hoy están planteando gobernadores como Axel Kicillof y Sergio Ziliotto. Porque una parte de lo que pagamos cada vez que cargamos nafta tiene destinos específicos vinculados con la infraestructura.
La pregunta es qué pasa con esa plata.
Porque las rutas están ahí. Y cualquiera que haya viajado por el país en los últimos años, ya sea para irse de vacaciones o porque trabaja y necesita utilizar las rutas nacionales, puede ver el estado en el que se encuentran.
Ahora nos dicen que los privados van a resolver el problema.
Pero, hasta donde sabemos, las licitaciones avanzaron sobre pequeños tramos de los corredores más rentables.
Y hay otra cosa.
La tecnología cambió por completo el sistema de peajes.
Ya no hace falta una cabina. Ya no hace falta detenerse frente a una barrera. En muchos lugares del mundo uno circula por una autopista y encuentra arcos que leen la patente. Después, el sistema cobra el peaje a través de un dispositivo, una cuenta o una tarjeta.
Eso también significa que pueden colocar peajes con mucha mayor facilidad.
Entonces, esos pocos tramos rentables que hoy se licitan pueden terminar siendo más caros para quienes los utilicen.
No es que los privados van a construir las rutas gratis.
La gente las paga a través de los impuestos y después puede volver a pagarlas a través del peaje.
Y mientras discutimos las rutas, hay otro problema que puede ser todavía más grave.
Las obras hidráulicas.
Una parte importante del impuesto a los combustibles alimenta fondos destinados a este tipo de infraestructura. Durante décadas, distintos gobiernos utilizaron esos recursos para obras vinculadas con el control y el manejo del agua.
Ahora, esas obras que deberían realizarse no se hicieron.
Y tenemos El Niño en la puerta de nuestras casas.
Gabriel Katopodis lo plantea desde la provincia de Buenos Aires y los dirigentes políticos empiezan a curarse en salud.
Porque puede venir el agua.
Puede venir la tormenta.
Y después puede venir la inundación.
Prepárense para una primavera que puede traer complicaciones si se confirman los escenarios que proyectan los modelos meteorológicos.
Y acá aparece algo que resulta, como mínimo, insólito.
El Servicio Meteorológico atraviesa una crisis y, según lo que se plantea en este contexto, sus trabajadores enfrentan dificultades incluso para hablar públicamente del fenómeno del llamado “Super Niño” y del cambio climático.
Pero el problema no desaparece porque dejemos de nombrarlo.
Si aumenta la temperatura del agua en el océano Pacífico, si se modifican las condiciones climáticas y eso repercute sobre América del Sur, el fenómeno existe aunque alguien decida que no quiere hablar de cambio climático.
El agua no entiende de ideologías.
La tormenta tampoco.
Y la inundación mucho menos.
Mientras tanto, los organismos técnicos advierten sobre un escenario que puede complicarse y las provincias miran al Gobierno nacional.
¿Hay plata para las obras?
No.
¿A quién hay que reclamarle?
Al Gobierno.
¿El Gobierno va a poner esos recursos?
Por ahora, la respuesta parece ser no.
Entonces, el problema queda planteado.
Estamos pagando impuestos para infraestructura.
Pagamos peajes para utilizar las rutas.
Las rutas siguen deteriorándose.
Las obras hidráulicas que deberían ejecutarse no avanzan.
Y, al mismo tiempo, aparece la advertencia de un fenómeno climático que puede traer más agua y más problemas.
Después, cuando llegue la tormenta, todos van a decir que nadie podía preverlo.
Pero no.
Lo están advirtiendo.
Y si el agua llega, si las rutas siguen destruidas y si las obras no están hechas, el problema no va a ser solamente quién tiene la culpa.
El problema va a ser quién paga las consecuencias.
Y, como siempre, las consecuencias las terminamos pagando todos.

