
Marisela Escobedo buscaba respuestas por el femicidio de su hija y fue asesinada: los acusados murieron antes de ser juzgados
Persiguió al hombre que había asesinado a su hija, enfrentó a las autoridades y consiguió que una absolución fuera anulada para obtener una condena de 50 años. Pero cuando finalmente llegó la sentencia, el femicida ya estaba prófugo. Meses después, Marisela fue asesinada mientras reclamaba frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua. Los responsables de su crimen también murieron antes de que la Justicia pudiera juzgarlos.
La historia de Marisela Escobedo quedó marcada por una paradoja tan brutal como difícil de olvidar: la muerte llegó antes que las sentencias. Primero murió su hija, Rubí Marisol, asesinada a los 16 años. Después murió Marisela, mientras reclamaba justicia por ese femicidio. Y, con el paso de los años, también murieron algunos de los principales señalados por ambos crímenes sin llegar a responder plenamente ante un tribunal.
Todo comenzó el 30 de agosto de 2008, cuando Rubí Marisol Frayre Escobedo fue asesinada en Ciudad Juárez, en el estado mexicano de Chihuahua. Su novio, Sergio Rafael Barraza Bocanegra, fue señalado como responsable. La investigación estableció que había golpeado a la adolescente hasta matarla y posteriormente había ocultado su cuerpo.
Ante la falta de respuestas, Marisela comenzó una búsqueda por sus propios medios. Su insistencia permitió que Barraza fuera detenido y que confesara el crimen. El hombre incluso indicó el lugar donde había escondido los restos de Rubí. En junio de 2009, Marisela logró encontrar partes del cuerpo de su hija en el sitio señalado.
Sin embargo, cuando parecía que la investigación avanzaba hacia un esclarecimiento, llegó una decisión que volvió a poner todo en duda. En abril de 2010, tres jueces absolvieron a Barraza al considerar que las pruebas presentadas por la Fiscalía no eran suficientes para demostrar su responsabilidad. El acusado recuperó la libertad pese a haber confesado el asesinato y haber señalado dónde estaban los restos de la joven.
Para Marisela, aquella resolución fue el comienzo de otra lucha. Protestó frente a oficinas gubernamentales, hizo público su reclamo y llevó el caso ante distintas autoridades. Su presión finalmente consiguió que un tribunal de casación revocara la absolución y condenara a Barraza a 50 años de prisión.
Pero la sentencia llegó demasiado tarde. Cuando la Justicia ordenó su condena, el femicida ya estaba prófugo.
Marisela no se detuvo. Continuó buscándolo y denunció que recibía amenazas. Viajó incluso hasta Ciudad de México para pedir ayuda a funcionarios federales y reclamó protección para ella y su familia. Mientras el Estado debía garantizar su seguridad, ella seguía haciendo por su cuenta aquello que las instituciones no habían logrado hacer: exigir que el asesinato de su hija no quedara impune.
El 16 de diciembre de 2010, poco después de haber conseguido aquella condena, Marisela mantenía un plantón frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua. Esa noche, un hombre se acercó y le apuntó con un arma. Las cámaras de seguridad registraron el ataque. El revólver se trabó y Marisela alcanzó a correr hacia el edificio para intentar refugiarse, pero el agresor la persiguió y le disparó en la cabeza. Murió a pocos metros de la entrada.
Marisela había conseguido una sentencia para el femicida de su hija, pero no llegó a ver esa condena cumplida. La justicia había llegado para Rubí en el papel, pero demasiado tarde para garantizar que su asesino estuviera preso. Y para Marisela, ni siquiera llegó a tiempo para impedir su propia muerte.
Casi dos años después, en octubre de 2012, la Fiscalía de Chihuahua anunció la detención de José Enrique Jiménez Zavala, conocido como “El Wicked”, a quien señaló como autor material del asesinato de Marisela. Sin embargo, la familia cuestionó esa versión y sostuvo que Jiménez Zavala podía haber sido utilizado como chivo expiatorio. Su hijo, Juan Frayre, señaló como posible responsable intelectual a Andy Barraza Bocanegra, hermano de Sergio Barraza.
El desenlace volvió a estar marcado por la muerte antes que por la Justicia. “El Wicked” murió en enero de 2015 dentro de una prisión de Chihuahua. Inicialmente se informó que había sufrido un infarto, aunque posteriormente las autoridades señalaron que había sido estrangulado por otro interno.
Sergio Barraza, condenado a 50 años por el asesinato de Rubí, tampoco llegó a cumplir su pena. Permaneció prófugo durante más de dos años y murió en noviembre de 2012 durante un enfrentamiento con militares en Zacatecas. De esa manera, el hombre condenado por matar a Rubí murió sin cumplir la sentencia que Marisela había conseguido después de una larga batalla.
El único de los principales señalados que permanece con vida es José Arturo Barrón Rodríguez, alias “El Gordo”, identificado como el conductor que habría esperado en un vehículo mientras “El Wicked” atacaba a Marisela y que luego ayudó a escapar a los involucrados. Barrón fue condenado a 40 años de prisión por su participación en el asesinato de la activista.
El caso de Marisela Escobedo quedó así convertido en uno de los símbolos más fuertes de la lucha contra la impunidad en México. Una madre tuvo que investigar el asesinato de su propia hija, encontrar sus restos, perseguir al acusado y enfrentarse al sistema judicial para conseguir una condena. Cuando finalmente lo logró, el condenado estaba prófugo. Y cuando ella continuó reclamando justicia, fue asesinada frente al edificio donde esperaba obtenerla.
En su historia, las sentencias existieron, pero llegaron tarde. Los acusados murieron antes de responder plenamente por sus crímenes y Marisela murió antes de poder comprobar que la condena que había conseguido para el femicida de su hija realmente se cumpliera. La justicia llegó escrita en un expediente, pero la muerte volvió a llegar primero.

