
Rolando Graña: “Los tiempos del presidente no son los tiempos de la gente”
Al presidente no le gusta hablar de política. Yo intento hablarle del Chaqueño Palavecino, porque los dos hemos cantado con él, pero él está enfocado obsesivamente en la economía. Está convencido de que esto se va a solucionar. El problema es que los tiempos del presidente no son los tiempos de la gente: la brecha entre los plazos fiscales de Milei y la urgencia social.

Los gobernadores son hábiles tiempistas. Sobre todo los gobernadores justicialistas, que tienen una amplitud ideológica que va desde una socialdemocracia casi cristiana hasta un liberalismo disfrazado. Tienen un olfato especial para detectar en el aire cuándo empiezan a cambiar las cosas. Por eso hay que escuchar atentamente a Gustavo Sáenz, el gobernador de Salta, que antes cantaba con Javier Milei y se abrazaba con Patricia Bullrich cuando ella presentaba un alambrado de 200 metros en la frontera con Bolivia. Sáenz le votó muchas cosas al gobierno, pero ahora empieza a tomar distancia y a decir justamente esto: que los tiempos del presidente no son los de la gente.
Después de un veranito en el cual los gobernadores aliados le votaron todo a Milei, ahora empiezan a removerse en la silla. La plata prometida no llega y detectan en sus distritos que el mileísmo perdió fuerza producto de la crisis. Además, cuando uno correlaciona los votos de estos mandatarios con las transferencias del Fondo Vial, queda claro que eran votos estimulados por anabólicos del Poder Ejecutivo.
Por otro lado, el gobierno empieza a tener tensiones financieras. Aunque hasta ahora sacó conejos de la galera para mantener la estabilidad cambiaria, ya sea recurriendo al Fondo Monetario, al entorno de Donald Trump o pidiéndoles adelantos de liquidación a las cerealeras, la caída de los bonos le está generando una mini corrida contra el peso. Los gobernadores olfatean que no habrá plata ni obras para ellos. Por eso Sáenz sale a marcar la cancha sosteniendo que con el equilibrio fiscal no se come, no se cura, no se educa ni se hacen rutas.
El clima legislativo cambió. Tras la sanción de lo que quedó de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, el gobierno quedó paralizado. Ahora vacilan con suspender o abolir las PASO. Ayer estuvo el gobernador neuquino Rolando Figueroa prometiéndoles apoyo para la abolición, pero la manta es corta: si la Nación pone plata para convencer mandatarios, se le resiente el superávit.
A la par de esto, se agravó la crisis del endeudamiento familiar. Salvo los militantes más dogmáticos, todo el arco político admite la gravedad del problema. Hay 6 millones de morosos detectados por el Banco Central, pero por abajo está el universo de los endeudados con prestamistas informales y aplicaciones. Antes el prestamista te esperaba en el casino; hoy lo tenés adentro del teléfono celular. La profundidad del nivel de morosidad actual es equivalente a la del período 2001-2003.
El origen normativo de este drama está en el DNU 70. Ese decreto desreguló la libertad para cobrar tasas ante la morosidad y habilitó este esquema usurero. ¿Y de quién es la responsabilidad de que ese DNU siga vigente? De la Corte Suprema de Justicia, que duerme el expediente hace más de dos años y mira para otro lado. Cuando les interesó la situación de dos jueces trasladados hicieron un per saltum en una semana, pero frente a un decreto que asfixia a millones de familias, fingen demencia.
El presidente chicana diciendo que nadie le puso una pistola en la cabeza a la gente para endeudarse, pero esto fue un esquema deliberadamente montado donde las billeteras virtuales, con Mercado Pago a la cabeza, hicieron fortunas mantenidas además por exenciones impositivas estatales. La situación es alarmante en los empleados públicos y en las fuerzas de seguridad porque sufren el código de descuento automático en sus recibos. La propia ministra Alejandra Monteoliva tuvo que admitir que los suicidios en las fuerzas federales aumentaron un 30% entre 2024 y 2025. Pretenden diluirlo diciendo que es un fenómeno generalizado, pero la realidad es que el personal policial y militar también percibe sueldos miserables y está ahogado en deudas.
En el plano financiero, Santiago Bausili, presidente del Banco Central, intenta llevar tranquilidad diciendo que la inflación subyacente volvió a niveles de 2017. Pero la inflación acumulada sigue estancada en el núcleo duro del 2% y la promesa de erradicarla por completo para mediados de este año no se cumplió. Además, la calma cambiaria se sostiene a costa de una profunda recesión y de un retraso del tipo de cambio que se sostiene pisando el dólar e interviniendo en los mercados.
Como bien señaló Amado Boudou, no existe una macroeconomía ordenada si los ingresos de la población están destruidos. La gente destina hoy un 20% de sus ingresos al pago de servicios públicos, cuando antes destinaba un 6%. En varios municipios, como en el Partido de la Costa, esto ya está generando puebladas de vecinos golpeados por facturas de luz impagables.
Toda la teoría libertaria de que cortando la emisión la economía despegaba automáticamente como “pedo de buzo” tropezó contra la realidad. El modelo muestra salarios a la baja, recesión y gente carcomida por tarifas y deudas.
Mientras tanto, en Bolivia el escándalo del operador Fernando Cerimedo no para de crecer. La estrategia defensiva encarada por su abogada, Margarita Arce, consiste en instalar en la opinión pública que el ataque contra Nadia Beller fue un “autoatentado” orquestado por Evo Morales. Hay que ser un desalmado para sostener que una mujer embarazada se hizo disparar tres tiros como parte de una maniobra política. Pero esta estrategia no busca convencer en un expediente judicial, sino aplicar el viejo truco de las fake news: sembrar una mentira escandalosa con cara de piedra para que un sector de la gente la compre.
Cerimedo está acorralado y preso. La fiscalía cuenta con los proyectiles, el parte médico, los testimonios y los teléfonos secuestrados. Su caída salpica directamente al presidente boliviano Rodrigo Paz, de quien era el principal asesor y lobista. Exministros y legisladores de la oposición en Bolivia señalan que nada se movía en el Ejecutivo sin la venia de Cerimedo, mientras en sus departamentos se descubren bolsos con un millón de dólares y cajones repletos de efectivo.
En medio de esta tormenta reapareció Evo Morales, refugiado de la justicia por sus propias causas, para subirse al escándalo acusando a Cerimedo de ser un agente del imperialismo. La causa destapó una red de favores, narcotráfico y corrupción que amenaza con desestabilizar la gestión de Rodrigo Paz a menos de un año de haber asumido.
De regreso en la política local, la mentada mesa de diálogo entre el PRO y La Libertad Avanza duró lo que un suspiro. Luego de que Luis Caputo impulsara un acercamiento con Mauricio Macri para dar estabilidad financiera y acordar una lista conjunta en la Ciudad de Buenos Aires liderada por Jorge Macri, los propios libertarios salieron a romper todo. Pilar Ramírez reapareció criticando la gestión porteña y Karina Milei volvió a insistir con llevar candidatos propios. Esa es la esquizofrenia habitual del gobierno: un día acuerda por necesidad y al día siguiente patea el tablero.
Para cerrar esta mirada de la coyuntura, el fenómeno en torno a la serie de Moria Casán dejó reflexiones llamativas. Su pareja, el Pato Galmarini, salió a calificarla como una figura peronista por la empatía popular que despierta en las barriadas. Con el mapa político en permanente transformación y nombres que van desde pastores como Dante Gebel hasta Daniel Haddad o figuras del espectáculo, en este país todo es posible. No habría que extrañarse si la dinámica electoral termina cruzando nuevamente el espectáculo con las urnas.
Mirá la editorial completa en nuestro canal de YouTube Radio del Plata.

