
“Cruzó un límite”: Brasil repudió el duro discurso de Milei contra Lula y el Supremo
Las fuertes declaraciones de Javier Milei durante el acto de lanzamiento de la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro provocaron una inmediata reacción en Brasil. El Partido de los Trabajadores (PT), fuerza que gobierna el país, y el Supremo Tribunal Federal (STF) repudiaron los ataques del mandatario argentino contra Luiz Inácio Lula da Silva y el juez Alexandre de Moraes, al considerar que excedieron los límites del debate político y afectaron la relación institucional entre ambos países.
La polémica se desató este sábado durante la Convención Nacional del Partido Liberal, en San Pablo, donde Milei participó como uno de los principales invitados internacionales para respaldar la candidatura del hijo del expresidente Jair Bolsonaro de cara a las elecciones del próximo 4 de octubre.
Durante su discurso, el Presidente argentino calificó a Lula como “ladrón”, “presidiario” y “totalitario”, al tiempo que pidió apoyar a Flávio Bolsonaro para desplazar a la izquierda del poder. También cargó contra el juez Alexandre de Moraes, a quien responsabilizó por impedirle visitar a Jair Bolsonaro y se refirió a él con expresiones despectivas.
El oficialismo brasileño habló de un “límite institucional”
La primera respuesta llegó desde el Partido de los Trabajadores, cuyo presidente nacional, Edinho Silva, calificó de “inadmisible” que un jefe de Estado extranjero ataque a las autoridades brasileñas mientras participa de un acto electoral.
El dirigente sostuvo que Brasil garantiza la libertad de expresión y el debate democrático, pero remarcó que ello “no autoriza a un presidente extranjero a dirigirse de manera irrespetuosa hacia las instituciones del país”.
Además, consideró que Milei “cruzó un límite institucional”, ya que sus palabras no se limitaron a expresar una preferencia política, sino que incluyeron ataques personales contra el presidente brasileño y un integrante de la Corte Suprema.
Silva también cuestionó el viaje del mandatario argentino al afirmar que habría sido más conveniente que permaneciera en su país para atender los problemas internos. Sin embargo, diferenció sus críticas al Gobierno libertario de la relación histórica entre ambas naciones y definió a Argentina como un país amigo.
El Supremo Tribunal Federal también salió al cruce
Las declaraciones de Milei también motivaron una respuesta institucional del Supremo Tribunal Federal.
Su presidente, Luiz Edson Fachin, difundió un comunicado en el que calificó de “irrespetuosas” las expresiones dirigidas contra Alexandre de Moraes y recordó que las decisiones cuestionadas fueron adoptadas conforme a la Constitución y las leyes brasileñas.
Desde el máximo tribunal remarcaron además que el Poder Judicial actúa con independencia y advirtieron que los ataques del mandatario argentino “son incompatibles con la civilidad entre los Estados”, elevando la controversia del plano partidario al institucional.
Milei volvió a respaldar a Flávio Bolsonaro
Durante su intervención en San Pablo, Milei reiteró su respaldo a Bolsonaro, a quien presentó como la figura capaz de derrotar al oficialismo brasileño.
El mandatario sostuvo que Brasil enfrenta lo que denominó el “Riesgo Lula” y vinculó al Gobierno del PT con el avance del socialismo y el deterioro económico. Incluso afirmó que “confiamos en Flávio Bolsonaro para parar a la basura socialista”, una de las frases más comentadas del acto.
Además, acusó a Lula de haber intervenido en la política argentina durante las elecciones presidenciales de 2023.
Crece la tensión entre Argentina y Brasil
La presencia de Milei en una actividad de campaña profundizó un vínculo diplomático que ya venía deteriorado por los reiterados cruces entre ambos mandatarios.
Desde el Palacio del Planalto habían advertido antes del viaje que el respaldo explícito del Presidente argentino a la candidatura de Flávio Bolsonaro podía interpretarse como una injerencia en la política interna brasileña.
Las respuestas del oficialismo y del Supremo Tribunal Federal reflejaron que el malestar trascendió el ámbito partidario y alcanzó a las principales instituciones del Estado brasileño, en un contexto en el que ambos países mantienen una relación económica estratégica pese a las profundas diferencias políticas entre sus gobiernos.
