
Rolando Graña: “El problema es que piden sacrificio mientras los resultados no aparecen”
Hay un argumento que vamos a empezar a escuchar cada vez más durante todo el año de la campaña electoral: todavía falta un poco más, no hay que cambiar de caballo a mitad del río y hay que seguir ajustando hasta el hueso. Es la lógica de la zanahoria y el burro: prometer que el resultado está adelante, pero pedir siempre un esfuerzo más.
Ahora aparece Patricia Bullrich sosteniendo que un programa de estabilización exige esfuerzo y coraje. El problema es que se apela a la lógica del sacrificio cuando una parte de la población empieza a impacientarse y los resultados no aparecen. Porque una cosa es explicar que un proceso puede ser doloroso y otra es pedir paciencia indefinidamente mientras la economía no arranca.
Y los resultados no se ven. La industria cayó un 5% interanual y la construcción un 4,5%. Son dos de las principales generadoras de empleo en la Argentina y están cayendo en picada. La canasta básica, además, volvió a subir más que la inflación: 2,6% contra un 1,7%.
El modelo económico empieza a crujir para la inmensa mayoría de la población que no ve sus frutos. Mientras Patricia Bullrich habla de profundizar el ajuste para llegar a un futuro venturoso, empiezan a aparecer las voces de empresarios y trabajadores que no encuentran los resultados de una economía que no crece ni derrama.
También aparece el llamado “efecto Malvinas”. Jaime Durán Barba consideró que fue una jugada hábil desde el punto de vista de la comunicación política, pero advirtió que esas adhesiones son intensas y breves. Y ahí está el problema: una cosa es un anuncio, una cosa es un discurso y otra cosa es la realidad.
Una vez pasado el fervor nacionalista, la gente vuelve a mirar su metro cuadrado, su bolsillo, y ahí no hay buenas noticias. Por eso el efecto se diluye. Nadie puede vivir indefinidamente de un discurso si después tiene que enfrentarse con la falta de empleo, los costos que aumentan y la pérdida de poder adquisitivo.
Lo mismo ocurre en la construcción. Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, habló de una caída del orden del 25% en la actividad y de la pérdida de 120.000 puestos de trabajo. La construcción cae y, además, se vuelve cada vez más cara. Es una encerrona para un sector que genera mano de obra para los trabajadores menos calificados.
En el sector textil aparece otro problema: la apertura de importaciones puede facilitar el acceso a determinados insumos, pero la mano de obra quedó muy cara y existe además una fuerte competencia del contrabando. El péndulo se fue de un extremo al otro: antes algunos empresarios podían abusarse de la falta de competencia y ahora el fabricante local enfrenta costos elevados y competencia desleal.
Y después está el trabajo. Marcelo Agüero, músico y doble de riesgo, contó que ante la falta de shows decidieron abrir una parrilla en Berazategui. Ofrecían 15 puestos de trabajo y la respuesta fue una fila de cinco cuadras de personas esperando bajo el sol durante todo el día para conseguir empleo.
Entonces, cuando me dicen que hay que aguantar el dolor del proceso de estabilización y que todavía falta un poco más, yo miro esta realidad. Miro al empresario de la construcción, al textil, al trabajador y a esa fila de cinco cuadras buscando un empleo.
Una cosa es el discurso sobre el futuro y otra cosa es la realidad. Y la realidad es que la economía que prometía crecer y derramar no está mostrando esos resultados. Por eso la pregunta ya no es cuánto más sacrificio se puede pedir, sino hasta cuándo se puede pedir sacrificio mientras los resultados prometidos siguen sin aparecer.
Escuchá el editorial completo: https://youtu.be/SD1vflRj6Ug?si=sJKBCe-wUh4a4-Er

