
Rolando Graña: “Malvinas, el giro de Milei y las contradicciones del Gobierno”
Hay algo que no cierra. Si uno va a jugar al básquet, llama a jugadores de básquet; si va a jugar al hockey, llama a jugadores de hockey. Si el Gobierno quiere jugar en serio la agenda Malvinas, no es con esta gente que va a hacer un buen partido.
No es con un canciller como Pablo Quirno, que había dado instrucciones para que se “desmalvinizara” la relación con Gran Bretaña. Tampoco con una Cancillería donde, hasta la semana pasada, los funcionarios que intentaban sacar a la luz la agenda Malvinas eran corridos y arrinconados.
Por eso, una vez que Milei hizo un discurso con el que pasó de ser pro-Thatcher a malvinero, las contradicciones empezaron a saltar. El propio discurso del Presidente generó críticas en todo el arco político británico, desde los conservadores hasta los laboristas.
Más allá de las declamaciones, hay algo concreto que el Gobierno debería hacer: impedir que Rockhopper y Navitas Petroleum exploten el petróleo en Malvinas.
Yo no creo tanto en las grandes declaraciones de principios malvineros. En lo que hay que concentrarse es en que a esas empresas les resulte tan caro explotar el petróleo en la zona norte de la cuenca offshore de Malvinas que no puedan hacerlo.
Hasta ahora el Gobierno no había actuado. Incluso en marzo, el diputado Esteban Paulón había presentado un proyecto para aplicar sanciones a esas dos empresas y no pasó nada. Ahora aparecen las sanciones y el discurso sobre la soberanía.
¿Un giro por convicción o por conveniencia?
La pregunta es por qué Milei cambió. Puede ser por la caída en las encuestas, por el brote nacionalista después de haberle ganado a Inglaterra el partido de fútbol, por la bandera, por los jugadores de la Selección o por lo que sea.
Pero también hay una cuestión concreta: si las plataformas avanzan y comienza a salir petróleo de la plataforma continental argentina, el Gobierno quedaría expuesto por no haber hecho nada.
Por eso, desde el punto de vista de los intereses nacionales, lo importante es que las denuncias contra Rockhopper y Navitas tengan consecuencias. Que caigan sus acciones, que ese petróleo sea cada vez más caro de explotar y que los pozos dejen de ser rentables.
Esa sería una pequeña maniobra defensiva para evitar que los británicos sigan avanzando en Malvinas. Porque si avanzan y logran triplicar la población de las islas, intentar recuperarlas mediante un mecanismo de descolonización será cada vez más difícil.
El empleo formal también importa
Y del mismo modo que las Malvinas son argentinas, uno puede decir que la industria también es argentina.
Cuando Milei dice que el empleo informal también es empleo, parece desconocer que hay una diferencia entre empleo de calidad y una changa. Si un trabajador pierde su puesto en una industria y termina haciendo otra actividad informal, puede dejar de figurar como desempleado, pero su situación laboral empeoró.
No es lo mismo un empleado formal que uno informal. El empleo formal implica jubilaciones, vacaciones pagas, aguinaldo y aportes a ANSES. Los países serios aspiran a tener la mayor cantidad de empleo formal posible.
Por eso hay que tener cuidado con este elogio del empleo informal. Porque termina siendo una gambeta corta: chicana, salida rápida y desprecio hacia quienes discuten el modelo.
Y cuando Milei dice que, si consigue un resultado similar al del año pasado, va a acelerar todavía más, ahí sí coincido: abróchense los cinturones.
Porque lo que busca profundizar es este mismo modelo: baja inflación, pero también menos empleo formal, menos consumo y más desempleo.
Escuchá el editorial completo: https://youtu.be/vAm2JB8OlYE

