
Rolando Graña: “Malvinas, el oro y las deudas exponen las contradicciones del Gobierno”
El giro de Milei sobre Malvinas
Javier Milei dice que Malvinas es una causa nacional y que no puede haber grieta. El problema es que el presidente debería intentar resolver primero la grieta con sí mismo. Porque hasta acá lo que hubo fue una política explícita respecto de la causa Malvinas, por no decir ignorante: ignoró todo lo que habían sido las políticas de Estado previas.
¿En qué consiste el giro Milei? Más allá de quienes dicen que esto responde a un brote nacionalista después del partido contra Inglaterra, de la bandera sobre el césped y de la frase “las Malvinas son argentinas“, eso es un análisis más bien poético. En términos prácticos, lo que está buscando el Gobierno es volver a políticas que ya había aplicado el kirchnerismo, especialmente durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner.
En 2010 se había abierto un criterio para hostigar y complicarles la vida a las empresas multinacionales, fueran del país que fueran, que quisieran explotar recursos económicos en Malvinas. Primero estuvieron las licencias de pesca y después llegó la explotación petrolera. Las primeras no pudieron frenarse, pero ahora la Argentina tiene Vaca Muerta y está en mejores condiciones de obstaculizar la explotación petrolera en las islas.
Eso ya lo había hecho Cristina cuando empezó a hostigar a las empresas británicas que exploraban la cuenca de Sea Lion al norte de Malvinas. Después se profundizó con la Ley Pino Solanas, hubo una interrupción durante el gobierno de Mauricio Macri y luego una continuidad, aunque más atenuada, durante la gestión de Alberto Fernández.
Milei había ignorado todo esto. Por eso ahora llama a la unidad nacional por Malvinas, pero debería hacer una autocrítica y reconocer que durante estos dos años y medio ignoró lo que había que hacer. No alcanza con declaraciones grandilocuentes diciendo que las Malvinas son argentinas. Eso va de suyo: lo tiene que decir un presidente argentino.
El dato es que Milei no había continuado la política de hostigamiento a las empresas petroleras para evitar que se instalen y exploten esos recursos. Y no solamente por el petróleo: también hay que evitar que se duplique la población de las islas, porque entonces van a tener un grado de autodeterminación muchísimo mayor.
Yo no le pediría grandes victorias diplomáticas ni que Estados Unidos rompa su alianza estratégica con el Reino Unido. La meta puede ser mucho más modesta: obstaculizar y convertir la explotación petrolera en Malvinas en algo tan caro que no puedan hacerlo.
La paradoja de Israel y Malvinas
Ahora aparece una situación paradójica. En el Reino Unido gobiernan los laboristas, algo parecido a la izquierda, que están peleados con Donald Trump y también con el régimen israelí de Netanyahu.
Por un lado, desde el gobierno británico se habló de imponer sanciones a Israel por lo que ocurre con los palestinos y se utilizó la expresión “limpieza étnica” para referirse a lo que sucede en Cisjordania. Por otro lado, mientras existe esa pelea táctica con Londres, es una empresa israelí la que está explotando petróleo en Malvinas.
Entonces fíjense lo que son las dos caras. Hay una pelea táctica con Londres mientras gobierne el laborismo y mantenga esta postura frente a Israel, pero eso puede cambiar. Lo estructural es que existen intereses vinculados a Israel que apoyan la extracción de petróleo en Malvinas.
Por eso no sirve plantear esto simplemente como una situación de buenos y malos. Milei se acuerda de San Martín, pero no da explicaciones claras de hacia dónde va y qué se está jugando. Lo único realmente interesante que podría hacer es molestar a las empresas británicas y a la empresa israelí que quieren explotar el petróleo en Malvinas.
Esto es, además, algo en lo cual podrían ponerse de acuerdo opositores y oficialistas. Del resto, Milei nos debe una explicación de por qué no hizo nada hasta acá.
¿Qué pasó con el oro del Banco Central?
Ya que estábamos en el brote nacionalista, aparece otra pregunta: ¿dónde está el oro?
El Gobierno nunca contestó dónde estaba el oro del Banco Central. Ese oro fue sacado entre gallos y medianoche, literalmente, y recién se conoció la situación cuando empleados de La Bancaria preguntaron dónde se estaban llevando el oro y a dónde iba ese avión. Durante todo este tiempo se sospechó que estaba en Londres y por eso no se explicaba dónde estaba.
Ahora el titular del Banco Central, Santiago Bausili, dice que era óptimo aprovechar una ventana de oportunidad para convertir oro de calidad más baja en oro de calidad más alta y que fue trasladado y depositado en el BIS, en Suiza, donde continúa.
Bueno, si está todo documentado, ¿por qué no entregaron los papeles? Ese es el punto. Si el Congreso los está pidiendo, ¿por qué no los entregaron si dicen que el oro está en Suiza? ¿Por qué no lo dijeron de entrada?
Dicen que es una cuestión de seguridad. Raro. Pero recién ahora, este brote nacionalista, obligó al Gobierno a responder dónde estaba el oro. Bausili dice que está en Suiza.
Los dólares en el exterior y la contradicción de Caputo
Después aparece otra contradicción. Esteban Paulón cuestionó que desde el Gobierno se les pida a los argentinos que saquen los dólares del colchón y los lleven al sistema bancario.
Ayer, con la muerte de Chiche, no pudimos comentar demasiado la frase de Toto Caputo cuando habló con estudiantes universitarios y les pidió que les dijeran a sus padres que sacaran los dólares del colchón y los invirtieran en el sistema bancario.
Por eso Paulón plantea: me gustaría saber dónde estudian los hijos de Caputo para que les digan al padre que traiga los dólares que tiene afuera.
El propio Caputo dijo que tiene el 95% de sus ahorros en el exterior y que ese dinero le dio un 38% de rendimiento en dólares. A mí me parece una contradicción bastante evidente: el ministro de Economía les pide a los argentinos que traigan sus dólares, mientras mantiene la mayor parte de sus ahorros afuera y dice que allí obtiene un rendimiento mucho mejor.
Magia, magia, magia de sacar la guita. ¿Será que él también está sacando la guita del fondo del colchón? El problema es que no la blanqueó.
La energía y la maldición argentina
Después está la discusión sobre la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central. José Mayans plantea una cuestión que, para mí, muestra una de las grandes paradojas de la Argentina: algunos economistas llaman a esto la “maldición argentina”.
¿En qué consiste? Si vos no les ponés retenciones a productos que cotizan en el mercado internacional y que el mundo desea, es mucho más tentador exportarlos que venderlos acá. Entonces los argentinos terminan pagando más caro aquello que ellos mismos producen.
Esa maldición que antes estaba concentrada en los alimentos ahora también se extendió a la energía.
Mayans pregunta cómo puede ser que acá la nafta cueste una fortuna y que cruzando a Paraguay, un país que no produce una gota de petróleo, cueste más barata. Y esto genera un problema todavía mayor porque el combustible es un precio de precios: si aumenta la nafta, después aumentan todas las cosas que necesitan ser trasladadas.
Lo mismo ocurre con el gas. ¿Para qué carajo tenemos Vaca Muerta si aumenta el gas? Después aumentan los costos de todo aquello vinculado al gas, incluida la electricidad que se produce con gas en gran medida en la Argentina.
Esta es una discusión de fondo: si la Argentina tiene una ventaja comparativa y produce algo que el mundo quiere, ¿por qué se lo cobran más caro a los argentinos? Tenemos una situación ideal para reimpulsar la industria con bajos costos industriales a partir de la energía y hacemos exactamente lo contrario.
Entonces uno se pregunta: ¿pero quién administra este loquero?
El endeudamiento como respuesta a la necesidad
Y después está el otro gran problema: el endeudamiento.
Agustín Salvia, del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, explicó que los pobres se endeudaron más del doble que los no pobres y que el endeudamiento estuvo fundamentalmente vinculado con la necesidad.
Ayer hubo un debate en la Cámara de Diputados sobre qué hacer con los endeudados. La oposición logró, con participación también del oficialismo, emplazar a las comisiones para que discutan proyectos destinados a aliviar y modificar esa situación.
Los bancos reaccionaron rápidamente. Empezaron a decir que no hacía falta ninguna ley y que el problema podía solucionarse entre privados. También les están diciendo a los deudores que atiendan el teléfono porque ahora, dicen, tienen soluciones para ofrecerles.
¿Por qué cambió la actitud? Puede ser porque entendieron que no quieren una ley que termine afectándolos, porque la mora está creciendo o porque, si sigue aumentando, pueden tener que declarar más pérdidas en sus balances. En definitiva, los bancos se están limando los colmillos.
La morosidad volvió a aumentar. De 5,8 millones de personas pasó a 5,9 millones en un mes, mientras que las personas con deuda en la Argentina pasaron de 20 a 21 millones. En los bancos la morosidad está en el 12,8%, pero en las billeteras virtuales llega al 30%.
Y acá está uno de los grandes problemas: las billeteras virtuales tienen costos financieros muy altos, del orden del 1.200% en algunos casos. En noviembre de 2024, la morosidad en esas billeteras era del 7,3%. Ahora llegó al 30%.
Entonces uno puede pensar que parte del consumo se sostuvo porque la gente se endeudaba. Había una necesidad concreta: remedios, comida, mudarse. “Te cobran el 1.200%, más sí, necesito la plata ahora”. Después, cuando llega el momento de pagar, aparece el problema.
Ahora hay 5.900.000 personas apretadas por sus deudas, sin contar a quienes le deben plata a prestamistas de barrio. La gente aceptó esos costos porque necesitaba resolver algo en ese momento. Pero la plata no apareció y ahora vienen a buscarla.
Por eso los bancos están reestructurando las tasas de los préstamos y bajándolas para las deudas de tarjetas de crédito y otros préstamos que la gente dejó de pagar. El problema es que detrás de todos estos números hay personas que se endeudaron por necesidad y que ahora tienen que enfrentar las consecuencias de haber buscado una salida inmediata.
Y este es el punto: cuando la necesidad te obliga a aceptar una deuda a cualquier costo, después no alcanza con decir que fue una decisión individual. Hay que mirar qué está pasando con la gente que tuvo que endeudarse para poder seguir viviendo.
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