
Era ateo, casi muere por una perforación intestinal y asegura que volvió del infierno: los inquietantes dibujos
Una experiencia cercana a la muerte transformó por completo la vida de Howard Storm, un profesor universitario de arte que se definía como ateo y que, después de sufrir una grave perforación intestinal, aseguró haber atravesado una aterradora vivencia que interpretó como una visita al infierno.
Todo ocurrió el 1 de junio de 1985, cuando Storm tenía 38 años y se encontraba de viaje en París. Según relató tiempo después, comenzó a sentir un dolor repentino e insoportable que terminó llevándolo de urgencia a un hospital.
“Fue como, de repente, el dolor más agudo que jamás había experimentado en mi vida”, recordó.
Los médicos determinaron que sufría una perforación del duodeno y que necesitaba una intervención urgente. A partir de ese momento, Storm aseguró haber vivido una experiencia que marcaría un antes y un después.

Howard Storm aseguró que vio su propio cuerpo desde afuera
Según su testimonio, en determinado momento recuperó la conciencia y se encontró de pie junto a la cama del hospital. La sorpresa llegó cuando advirtió que el cuerpo que permanecía acostado era el suyo.
Storm sostuvo que hasta entonces estaba convencido de que la muerte significaba simplemente el final de todo.
“No quería morir porque sabía con absoluta certeza que cuando uno muere, se acabó, todo termina. La pantalla se pone negra, como en el cine. Dice ‘fin’, oscuridad, nada”, explicó.
Sin embargo, afirmó que poco después comenzó a escuchar voces que lo llamaban por su nombre desde fuera de la habitación.

“Hemos estado esperando”: las voces que, según contó, lo guiaron
Storm recordó que le llamó la atención que aquellas voces hablaran en inglés, ya que se encontraba internado en un hospital francés.
“Oí a gente fuera de la habitación llamándome por mi nombre en inglés, lo cual me pareció raro porque todo el mundo en el hospital francés hablaba francés”, relató.
Según aseguró, aquellas personas insistían en que debía acompañarlas: “Hemos estado esperando y esperando, y es hora de que vengas con nosotros”.
Storm contó que creyó que iban a llevarlo con un médico y comenzó a seguirlos.
El recorrido, siempre de acuerdo con su relato, lo llevó hacia un lugar cada vez más oscuro.
El aterrador relato sobre el lugar que identificó como el infierno
Storm aseguró que caminó durante un largo período por una especie de pasillo gris y húmedo, acompañado por numerosas figuras.
“Caminamos kilómetros y kilómetros y kilómetros, y nunca subimos ni bajamos. Me rodearon y me condujeron hacia una oscuridad cada vez mayor”, recordó.
El tono de quienes lo acompañaban, según su versión, comenzó a volverse cada vez más agresivo.
“Empezó siendo muy autoritario. Como: ‘Por aquí, sigue caminando, date prisa’. Eso evolucionó a: ‘¿Qué te pasa? Muévete, muévete más rápido. Eres demasiado lento’”, relató.
Después, la experiencia se habría tornado violenta.
“Empezaron dándome patadas, puñetazos y tirones. Luego empezaron a morderme, a desgarrarme y a romperme. Y entonces empezaron a agredirme físicamente. Así que, al final, quedé completamente destrozado, tirado en el suelo, incapaz de moverme o defenderme de ninguna manera”, sostuvo.
“Esto es para siempre”: la desesperación que dijo haber sentido
Storm describió aquel momento como una experiencia de absoluta desesperanza.
“Estoy completamente derrotado, completamente deprimido y desesperado. Y no se me ocurre ninguna salida. Esto es para siempre, y para siempre, y para siempre con esta gente horrible”, recordó.
Fue entonces cuando, según afirmó, comenzó a escuchar una voz que le pedía que rezara.
El problema era que Storm se consideraba ateo.
“Pensé: ‘No creo en Dios, no rezo’. Y la voz dijo: ‘Ora a Dios’, con bastante fuerza. Y pensé: ‘No sé cómo rezar. No puedo rezar’”, relató.
Era ateo y aseguró que terminó pidiendo ayuda a Jesús
Después de escuchar repetidamente aquella voz, Storm dijo haber recordado escenas de su infancia vinculadas con la religión.
En particular, rememoró una canción que había aprendido durante la escuela dominical.
“Podía verlo vívidamente. Podía oírlo vívidamente. Pero mucho más importante, podía sentirlo vívidamente, que de niño pequeño, cuando cantaba ‘Jesús me amaba’”, explicó.
Fue entonces cuando decidió pedir ayuda: “Le grité: ‘Jesús, por favor, sálvame’”.
Para Storm, aquel momento representó un punto de quiebre en la experiencia y posteriormente también en su vida.
Qué dijo Howard Storm sobre el “infierno”
Con el paso de los años, el profesor interpretó lo vivido desde una perspectiva religiosa y aseguró que las figuras que encontró en aquel lugar eran personas que habían rechazado a Dios.
“Las personas que me llevaron a ese lugar de oscuridad eran personas como yo. Eran personas que habían rechazado a Dios, habían rechazado el amor de Dios, y Dios les dio exactamente lo que querían”, afirmó.
En otro de sus relatos dejó una particular definición: “El infierno no es tan malo. El problema es la gente que está allí. Son horribles. Son realmente horribles”.
Y agregó: “Allí no hay nada que hacer excepto atormentarse unos a otros, así que el infierno es un lugar de tormento continuo. Es un lugar de completa desesperanza y desolación”.

Los inquietantes dibujos que realizó después de recuperarse
La experiencia cambió radicalmente la vida de Howard Storm. Tras recuperarse, abandonó su postura atea y comenzó un proceso de acercamiento al cristianismo.
También utilizó su formación artística para dibujar las escenas que aseguraba haber experimentado durante aquel episodio.
Sus ilustraciones intentan reconstruir desde el recorrido hacia la oscuridad hasta las figuras que, según su testimonio, encontró durante aquella experiencia cercana a la muerte.
Storm terminó dejando su carrera como profesor y jefe de un departamento universitario de arte para dedicarse a la religión y posteriormente se convirtió en pastor.
Además, plasmó su historia en el libro “My Descent Into Death” (Mi descenso a la muerte), donde incluyó algunos de sus dibujos.
Décadas después, Howard Storm continúa relatando aquella experiencia como el episodio que modificó para siempre su manera de entender la muerte, la fe y su propia vida.
